PADRES, MADRES E HIJOS

 

De las relaciones familiares en nuestra sociedad, sobresale la que corresponde a los padres, las madres y los hijos. Hay un pasaje en la palabra de Dios que lo destaca notablemente. “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:1-4). Esta ponderable relación está anclada en la institución establecida por Dios desde el mismo principio conocida como matrimonio y hogar la cual, conforme al mandamiento sagrado, debe permanecer firme frente a los más acerbos embates que surjan promoviendo siempre el amor verdadero, la fidelidad mutua y el respeto continuo. Cuando el Creador unió al hombre y la mujer en santo matrimonio, lo hizo para la felicidad de ambos; además, reiteró que nada ni nadie debía separarlos. (Mateo 19:6, Marcos 10:9)

I. LOS HIJOS

El apóstol Pablo reitera que el quinto mandamiento de la ley de Dios, (Éxodo 20:12) cuenta con una gran promesa. Si tus padres viven todavía, agradece a Dios por dicha bendición y recuerda que el primer deber de los hijos consiste en honrar a sus padres. La honra y la obediencia a tus progenitores trae consigo el recurso de la longevidad lo que implica que vivirás más tiempo en este mundo para alcanzar tus metas y materializar todos tus sueños.

Las escrituras afirman que la obediencia a los padres es un mandato de Dios (Deuteronomio 5:16). Por otro lado, el apóstol Pablo sostiene que la desobediencia a ellos, constituye un rasgo perverso de la humanidad en estos últimos días (II Timoteo 3:2). Te recomiendo respetuosamente, que te comuniques con tus padres con más frecuencia; visítalos constantemente, habla de ellos y con ellos, llámalos por teléfono; si es posible, escríbeles diariamente. Tenemos acceso a una tecnología que se moderniza continuamente para que envíes a tus padres mensajes de texto y si estás lejos, aprovecha las facilidades de “FaceTime”, “Skype” etc. para enviarles fotos y notas que ellos puedan apreciar; recuerda que algún día serás padre o madre; tal vez ya lo eres y estimo que esperas de tus hijos, obediencia; que sean bondadosos y te honren; entonces comienza prodigando a tus padres el respeto, la honra y la obediencia que ellos merecen.

Hijos e hijas, comparto con ustedes una receta de un postre delicioso que sus padres disfrutarán inmensamente. Así que tomen nota por favor. Tres tazas de obediencia…tres litros de amor…siete cucharadas de ternura…dos litros de disposición…tres tazas de agradecimiento…una taza de comprensión…un litro de respeto…una taza de buen humor…dos tazas de paciencia y dos litros de cooperación. Mezclen todos estos ingredientes con mucho cariño; deben hornear la masa a 375 grados de calor amoroso y una vez se cocine, es necesario servirlo a sus padres diariamente y en porciones abundantes.

II. LAS MADRES

En Estados Unidos la primera celebración del día de las madres se realizó en el otoño del año 1872 en la ciudad de Boston por iniciativa de la escritora Julia Ward y aunque pasó al olvido por varias décadas, la celebración resurgió en la primavera del año 1907 en el estado de Virginia. Ya para el año 1910, el día de las madres era celebrado en casi toda la nación estadounidense. Finalmente en el año 1914, el presidente Woodrow Wilson firmó la proclamación del día de las madres como fiesta nacional, que debía celebrarse el segundo Domingo del mes de Mayo. La primera celebración oficial ocurrió un día 10 de Mayo, por lo que este día fue adoptado por muchos países del mundo como la fecha particular del día de las madres.

Para la mujer hebrea la maternidad era de tal bendición, felicidad y dignidad social que la esterilidad se consideraba como una horrible desgracia. Cristo valoró a las madres, bendijo a sus hijos y hasta resucitó a un hijo de una de ellas (Lucas 7:11-16). Además, al borde de Su muerte, le proveyó a Su propia madre un hijo para que la acompañara durante el resto de su vida; a Juan, el discípulo amado. La unión de Cristo con los creyentes es tan íntima como la relación maternal. El apóstol Pablo denomina a la Jerusalén celestial como la madre de todos los creyentes. (Gálatas 4:26) Amables lectores, Dios ha creado un mundo nuevo tan bueno y grandioso, como la presencia de una madre en el seno del hogar.

III. LOS PADRES

La familia inmediata se compone de la esposa (madre), el esposo (padre) y los hijos. Mientras que la madre es la reina del hogar, el padre es el sacerdote y proveedor. En los servicios del santuario hebreo el sacerdote intercedía por el pueblo delante de Dios lo que implica que hoy, la provisión más importante del padre a su familia, consiste en guiarlos espiritualmente. La Biblia reitera: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4). Uno de los proverbios del sabio Salomón recomienda a los padres el gran deber de instruir y educar a los hijos; el texto bíblico afirma: “Instruye al niño en su carrera y aún cuando fuere viejo no se apartará de ella” (Proverbios 22:6) ¡Que tarea tan particular y encomiable! En el año 1979 manejaba mi auto en Puerto Rico cuando de inmediato me detuve frente al semáforo en rojo; de pronto observé a mi lado derecho un vehículo con un cartel anexado a la puerta del conductor que indicaba la frase “EDUCAD A LOS NIÑOS Y NO HABRÁ QUE CASTIGAR A LOS HOMBRES”. Las instituciones penales están abarrotadas de hijos que carecieron de la valiosa instrucción de sus progenitores. El delincuente norteamericano John Dillinger, en la década de los 30 del siglo pasado, reprochaba a sus padres porque en su niñez, frecuentemente llevaba a su casa objetos que no le pertenecían y nunca lo reprendieron; de modo que los culpaba por ser un ladrón y un asesino.

Amables padres, recuerden que la primera escuela de los hijos es el hogar y una de nuestras responsabilidades más solemnes consiste en educarlos e instruirlos; así que proveámosles de un ambiente favorable y propicio para el aprendizaje. Recuerden que ellos aprenden por el ambiente en que viven. Si viven en un ambiente de odio, aprenden a odiar; si están en un ambiente de gritos, aprenden a gritar; en un ambiente de desprecio, aprenden a despreciar; en un ambiente de crítica, aprenden a criticar y en un ambiente de mentira, aprenden a mentir. Sin embargo, si los hijos viven en un ambiente de respeto, aprenden a respetar; en un ambiente de obediencia, aprenden a obedecer; en un ambiente de comprensión, aprenden a comprender y en un ambiente de amor, aprenden a amar a Dios y a los demás. Es mi deseo sincero que cuando comparezcamos delante de nuestro padre Dios en el día final, le digamos con gozo y satisfacción: - “Aquí están los hijos e hijas que me diste”. ¡Que Dios les bendiga y les guarde!

Ptr. Ángel Rodríguez

Evangelista | La Voz de la Esperanza

 
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