HAY ESPERANZA PARA NOSOTROS

 

Esta sociedad moderna se descompone irremediablemente; inmersa en las aguas más profundas de la iniquidad, procura desesperadamente ascender a la superficie para situarse en suelo firme y emprender así, un rumbo más prominente; sin embargo carece del único salvamento que puede concederle el rescate inmediato. El nuevo testamento de la Biblia ofrece descripciones asombrosas alusivas a este mundo y a sus habitantes. Los evangelios de Mateo (capítulo 24) y Lucas (capítulo 21) afirman que la población del siglo XXI se asemeja a aquella que pereció anegada en el diluvio que devastó nuestro planeta cuatro milenios atrás. El apóstol Pablo en una de sus epístolas, menciona diecinueve rasgos perniciosos que describen a la gente de nuestros días; (2 Timoteo 3: 1 – 5).

 
 
 “Niños son el futuro, no pistolas”

“Niños son el futuro, no pistolas”

El crimen, la drogadicción y la prostitución se extienden por doquiera proliferándose incontrolablemente. En este año 2018 han ocurrido más de trescientos tiroteos masivos en Estados Unidos. Jóvenes y señoritas, se entregan a vicios y placeres morbosos derrumbando así los muros de sus sueños más promisorios. El divorcio es un gigante que amenaza diariamente el hogar moderno así como el gigante Goliat intimidaba al ejército de Israel en el valle de ELÁ durante aquellos cuarenta días alrededor del año 1063 a. C. (1 Samuel 17).

Pueblos y grupos acuden al terrorismo y a las guerras para proporcionar soluciones a los problemas sociales que los agobian. Setenta y siete millones de tumbas se pueden localizar hoy en los cementerios militares de Estados Unidos las cuales albergan los restos de hombres y mujeres que perdieron sus vidas en conflictos bélicos. El colapso financiero se empeña en desbalancear la economía internacional. Desde la apertura de la recesión a mediado del año 2007, más de nueve millones de personas han perdido sus empleos en Estados Unidos. Por otra parte el hambre y las enfermedades se esmeran en fulminar a la población mundial. El EBOLA es una enfermedad infecciosa viral que se ha tornado en una amenaza letal para la humanidad. El SIDA ha cobrado más de treinta millones de víctimas en las últimas cuatro décadas. En el año 2005 más de diez millones de niños murieron de hambre y ninguno de ellos alcanzó la edad de cinco años. Amable lector, ¿Habrá esperanza para la humanidad? ¿Será que la esperanza ha sido una percepción transitoria para el hombre moderno? Tal vez por esa razón, el mundo permanece inerme y exánime frente a todos estos embates que persisten en devastarlo.

Me plazco en escribir con toda certeza que hay esperanza para nosotros. Sin embargo, la esperanza no es una cuenta bancaria voluminosa; tampoco corresponde a una prestigiosa carrera universitaria ni mucho menos está enlazada a un automóvil último modelo; la esperanza es una persona cuyo nombre es JESUCRISTO. Cristo es la fuente prolífica de esperanza. No existe un solo vestigio de duda en esta declaración; como evangelista del ministerio mundial La Voz de la Esperanza puedo confirmarlo. En los pasados tres años he dirigido veintenas de campañas evangelizadoras siendo testigo de las maravillas de Dios a favor de cientos de personas que, sin esperanza alguna, acudieron a las reuniones de evangelización en busca de paz, de seguridad y de amor. Matrimonios al borde del fracaso, cuyas llamas de amor se extinguían ineludiblemente, gracias al poder de Jesucristo, recuperaron el amor y el respeto casi perdidos. Como lo escribiera Pablo Picasso, “El hombre no deja de enamorarse cuando envejece, por el contrario, envejece cuando deja de enamorarse”.

En Los Estados Unidos, la señora Rosy Narciso, acudió a una de nuestras reuniones de evangelismo muy deprimida; cuando platiqué con ella me confesó que había intentado suicidarse varias veces pues pensaba que Dios la había olvidado por completo y que su vida no tenía sentido alguno; sin embargo, en la campaña Todavía hay Esperanza, celebrada en la ciudad de Hemet, estado de California, Rosy descubrió que su vida era valorada con creces por Dios, y que Cristo es en verdad, la fuente inagotable de esperanza. Ella se deleitaba en decir que su corazón ahora gozaba de paz y seguridad gracias al evangelio eterno de nuestro Señor.

 
 

Por lo tanto no te amilanes que para ti también hay esperanza. Es probable que mientras lees este artículo, estás atravesando por una crisis terriblemente extenuante. Tal vez tu matrimonio se deshace ineludiblemente y por otra parte la soledad te atormenta a tal punto que deseas acabar con tu propia existencia; posiblemente el médico te diagnosticó una enfermedad terminal o quedaste sin empleo, perdiendo así, toda posibilidad de sostener a tu familia; no importa cuan fuertes sean los vientos de las aflicciones, si buscas a Dios fielmente, el Señor intervendrá con poder serenando la tormenta y trayendo bonanza a tu alma atribulada. Además, en Cristo tendrás fortaleza, consolación y esperanza. La palabra de Dios reitera en el libro de Los Salmos el capítulo 34 y el versículo 19: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová”. Albert Einstein solía decir que la crisis es un recurso valioso para levantar al hombre y a los pueblos.

Comparto contigo dos promesas valiosas que son como lluvia refrescante en medio del más acerbo estío. Dice el Señor, “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” Isaías 41: 10.

“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” Isaías 43:2. Sí amigo y amiga, hay esperanza para todos nosotros. Por lo tanto, acude a Cristo hoy para que esa sed implacable que consume tu existencia sea satisfecha por Él; recuerda que el Señor Jesús es la fuente eterna de esperanza.



Ángel Rodríguez Medina

Director de Evangelismo

La Voz de la Esperanza