
| Lección
11: El ejemplo de Jesús
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Dos jóvenes
conversaban muy preocupados. Uno de ellos preguntó:
--¿Cómo puedes hacer esto y
considerarte cristiano todavía?
--Para serte franco--contestó el otro--,
creo que se pueden hacer bastantes "cositas" y,
sin embargo, seguir siendo cristianos.
--Me parece que estás equivocado--le
contestó su amigo--. Debemos conducirnos
de acuerdo con principios morales claros e
invariables. Medimos y pesamos lo que compramos. ¿No
es nuestra vida interior mucho más importante
que lo que comemos o llevamos puesto?
Estas palabras sorprendieron al otro joven,
que respondió: --¡Nunca lo había
considerado de esa manera! Pero, ¿en
qué te fundas para hablar así?
-Creo que debiéramos seguir el ejemplo
de Jesús en todos los actos de nuestra
vida,-contestó el amigo-. Cada vez que
nos toca traer una decisión debiéramos
dirigirnos esta pregunta: "¿Qué haría
el Señor en mí lugar?" Si hacemos
esto, nunca iremos por sendas equivocadas.
Este joven tenía razón. Como
discípulos de Jesús, debiéramos
imitarlo constantemente si queremos estar con él
en la eternidad. Pero, ¿cómo
se puede saber lo que haría el Señor
en tal o cual situación? Muy sencillo:
estudiando cómo vivió entre los
hombres. He aquí lo que él dijo:
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Si guardareis
mis mandamientos, estaréis en mi amor;
como yo también he guardado los mandamientos
de mi Padre, y estoy en su amor (San Juan
15:10).
Nunca nos extraviaremos
si, después de haber descubierto cómo
anduvo Jesús, andamos en sus pasos.
La actitud de
Jesús hacia los Diez Mandamientos
Jesús y su
Padre son inseparables. Recordemos que el Señor
dijo: |
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Yo y el Padre
una cosa somos (San Juan 10:30).
Dijo claramente que
había venido a traer la voluntad de su
Padre: |
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Porque yo no
he hablado de mí mismo: mas el Padre
que me envió, él me dio mandamiento
de lo que he de decir, y de lo que he de
hablar. Y sé que su mandamiento es
vida eterna. Así, lo que yo hablo,
como el Padre me lo ha dicho, así habló (San
Juan 12:49, 50).
Ya hemos estudiado
que Dios el Padre no cambia (Malaquías
3:ó), y que, particularmente Jesucristo, "es
el mismo ayer, y hoy, y por los siglos (Hebreos
13:8). Cuando el Señor estuvo en la tierra
declaró que no había venido a cambiar
la ley y que ella sería más estable
que el cielo y la tierra mismos (San Mateo 5:17-19).
Varias décadas después de la resurrección,
San Juan llama la atención hacia "el mandamiento
antiguo que habéis tenido desde el principio" (1
San Juan 2:7). Pero a continuación habla
de un "mandamiento nuevo" anunciado por Jesús
(San Juan 13:34). Sin embargo, es fácil
ver que ambos se refieren a los Diez Mandamientos,
los que se resumen en amor a Dios y al prójimo,
tal como lo expresó nuestro Señor
en el Nuevo Testamento (San Mateo 22:37-39) y
ya se había expresado en el Antiguo (Deuteronomio
6:5; Levítico 19:18). Por lo tanto, ese "mandamiento
nuevo" no era sino la nueva manera como debía
encararse la observancia de los Diez Mandamientos
al declarar que pueden observarse o bien violarse,
sin actos exteriores y con la sola intención
(San Mateo 5:21-28). Todo ello constituye un
cumplimiento de la profecía "en magnificar
la ley y engrandecerla" (Isaías 42:21).
Desde entonces vemos los Diez Mandamientos en
la gloriosa luz de la verdad, despejados de toda
sombra, trasladados de las tablas de piedra al
corazón humano. La vida de Cristo revela
cómo desea Dios que los hombres le obedezcan. |
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Si me amáis,
guardad mis mandamientos (San Juan 14:15).
Sí, Jesús
guardó los Diez Mandamientos. Y debemos
imitarlo.
El día
del Señor en la Palabra de Dios
Uno de los Diez Mandamientos,
el cuarto, se refiere al día de reposo.
En el principio, el Padre, mediante su Hijo, creó el
mundo en seis días y reposó el séptimo.
En Génesis 2:2, 3 se nos dice que el Señor
bendijo especialmente el séptimo día
y lo dedicó al reposo. Ese día goza
de una triple gloria:
El Señor reposó en el séptimo
día.
El Señor bendijo el séptimo
día
El Señor santificó el séptimo
día.
El séptimo día es el "día
del Señor", según la Santa Escritura,
porque nuestro Señor le otorgó esa
gloria triple. Sólo la bendición
del Creador pudo hacerlo. Fuera de Dios, nadie
puede santificar nada. Dios santificó el
séptimo día y se lo dio al hombre.
Es una porción especial de la semana que
tenemos el privilegio de dedicar al reposo espiritual,
a nuestra comunión con el Señor.
En el cuarto mandamiento Dios nos dice:
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Mas el séptimo
día será reposo pare Jehová tu
Dios (Exodo 20:10).
¿Qué día
de la semana es el séptimo? ¿El
domingo? Así lo creen muchos cristianos,
pero no es esto lo que nos enseña la Palabra
de Dios. Leamos: |
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Si retrajeres
del sábado tu pie, de traer tu voluntad
en mi día entonces te deleitarás
en Jehová (Isaías 58:13,14).
Vemos entonces que
el séptimo día no es el domingo
sino el sábado. Cristo declaró que él
era el Señor del sábado. |
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Porque Señor
es del sábado el Hijo del Hombre (San
Mateo 12:8).
Si Jesús es
el Señor del sábado, lógicamente
el sábado es el día del Señor.
La Escritura no presenta otro día de reposo
fuera del sábado. San Juan recibió en
sábado, en la isla de Patmos, las visiones
del Apocalipsis. Nos dice: |
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Yo fui en el
Espíritu en el día del Señor
(Apocalipsis 1:10).
El único "día
del Señor" de las Escrituras es el sábado.
En ninguna parte de la Biblia se le da al primer
día de la semana, o domingo, el nombre
de día del Señor. En realidad,
la designación de "día del Señor" aplicada
al domingo se hizo muchas décadas después
de la desaparición del último
apóstol, sin base bíblica alguna,
y como resultado de la apostasía de
la Iglesia.
¿Qué día
guardó Jesús?
Y vino a Nazaret,
donde había sido criado; y entró,
conforme a su costumbre, el día del sábado
en la sinagoga, y se levantó a leer" (San
Lucas 4:16).
Nuestro Señor tenía la costumbre
de guardar el sábado. Había venido
para "cumplir" la ley (San Mateo 5:17). Algo
más acerca de la actitud de Jesús
hacia el sábado:
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Y descendió a
Capernaum, ciudad de Galilea. Y les enseñaba
en los sábados. Y se maravillaban
de su doctrina, porque su palabra era con
potestad (San Lucas 4:31, 32).
Jamás condenó Jesús
la observancia del sábado. Al contrario,
honró el día de reposo constantemente.
El sábado
debía ser día de reposo para
el pueblo de Dios, pero los legalistas de Israel
habían hecho de él una carga
pesada. Nuestro Señor vino también
para enseñarnos a guardar su día,
y hallar en él reposo para el cuerpo
y el alma.
Sabiendo Jesús
que vendrían días difíciles
después de su partida, previno a sus discípulos.
Entre otras cosas predijo la destrucción
de Jerusalén, la cual ocurrió unos
cuarenta años después de su crucifixión.
En relación con ello dijo: |
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Orad, pues,
que vuestra huída no sea en invierno
ni en sábado (San Mateo 24:20).
Evidentemente, Jesús
jamás tuvo la intención de transferir
la santidad del sábado al domingo. No
podía ser de otra manera, ya que la inmutable
ley de Dios dice al respecto: |
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Acordarte haz
del día del reposo, para santificarlo...
El séptimo día será reposo
para Jehová tu Dios (Exodo 20:8, 10).
La palabra "reposo" de
este versículo en hebreo es "shabbath".
La forma española de esta palabra hebrea
es "sábado", que significa "reposo".
Es el séptimo
día el que Dios destinó al reposo
del hombre. Guardar otro día no es observar "el
reposo de Dios". Si deseamos gozar del reposo
espiritual de Jesucristo, el "Señor
del sábado", tendremos que acordarnos
del día que él ha señalado
para el reposo.
Cuando mediante su
vida y su enseñanza Jesús revistió de
nueva luz el mandamiento acerca del día
de reposo, los dirigentes religiosos lo acusaron
de querer cambiar los Diez Mandamientos. Pero
veamos cuál era en realidad la actitud
de Cristo hacia el decálogo. |
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No penséis
que he venido para abrogar la ley o los profetas:
no he venido para abrogar, sino a cumplir.
Porque de cierto os digo, que hasta que perezca
el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde
perecerá de la ley, hasta que todas
las cosas sean hechas. De manera que cualquiera
que infringiere uno de estos mandamientos
muy pequeños, y así enseñare
a los hombres, muy pequeño será llamado
en el reino de los cielos. Mas cualquiera
que hiciere y enseñare, éste
será llamado grande en el reino de
los cielos (San Mateo 5:17,19).
Antes de que lo
más mínimo de la ley cambiara,
los cielos y la tierra desaparecerían.
Afirmar que los Diez Mandamientos han sido
cambiados o suprimidos es condenarse ante el
tribunal de Dios.
Podemos decir,
en conclusión, con todo el apoyo de
las Escrituras, que Jesús guardó el
sábado y que espera que también
nosotros lo guardemos.
Los discípulos
del Señor siguen su ejemplo
Nuestro Señor
fue crucificado en viernes, en el "día de
preparación". Murió como a las tres
de la tarde y José de Arimatea puso su cuerpo
en la tumba casi enseguida. Observemos cuán
cuidadosamente guardaron el sábado los discípulos
de Cristo, mientras el Señor reposaba en
la tumba. |
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Y era la tarde
del día de la preparación;
y estaba por comenzar el sábado. Y
las mujeres que con él habían
venido de Galilea, siguieron también,
y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto
su cuerpo. Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas
y ungüentos; y reposaron el sábado,
conforme al mandamiento (San Lucas 23:54-56).
En San Lucas 24:1,
leemos que el primer día de la semana
varias mujeres vinieron a la tumba con el propósito
de embalsamar el cuerpo del Maestro, pero que
cuando llegaron Jesús ya había
resucitado. Rogamos tomar nota que esas piadosas
mujeres no fueron a realizar sus tareas sino
hasta el domingo, es decir, en día sábado
se dedicaron al reposo.
Después de
la resurrección, contrariamente a lo que
se cree por lo común, no cabía
en la mente de los apóstoles la menor
duda en cuanto a su deber de guardar el sábado.
El mismo San Pablo, de origen judío aunque
ciudadano romano, designado por Dios para comunicar
a los gentiles la maravillosa historia de la
salvación, nunca dejó de observar
el sábado. En Corinto, donde permaneció un
año y medio, predicó cada sábado. |
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Y razonaba en
la sinagoga todos los sábados, y persuadía
a judíos y a griegos (Hechos 18:4).
En Hechos 13:14 y
11:26, se nos dice que San Pablo guardó el
sábado estando en Antioquía. Es
evidente que la primera iglesia cristiana de
esa ciudad, constituida por gentiles conversos,
observaba el sábado. En Hechos 16:12,
13 se nos dice que los creyentes de Filipos se
reunían el sábado, y que, como
no tenían local, iban a la villa del río.
También en Tesalónica el apóstol
guardó el sábado. |
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Y Pablo, como
acostumbraba, entró a ellos, y por
tres sábados debatió con ellos
de las Escrituras, declarando y proponiendo,
que convenía que el Cristo padeciese,
y resucitase de los muertos; y que Jesús,
el cual yo os anuncio, decía él, éste
era el Cristo (Hechos 17:2, 3).
El apóstol
de los gentiles, "según su costumbre" seguía
guardando el sábado veinte años
después de la resurrección de
Cristo. Ciertamente San Pablo no apoya la idea
de que debe guardarse el domingo en honor de
la resurrección.
La verdadera iglesia
de los últimos días se reconocerá porque
cumplirá todos los mandamientos de Dios.
El apóstol San Juan nos dice: |
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Entonces el
dragón fue airado contra la mujer;
y se fue a traer guerra contra los otros
de la simiente de ella, los cuales guardan
los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio
de Jesucristo (Apocalipsis 12:17).
Hasta que vuelva
el Señor, el pueblo de Dios guardará todos
los mandamientos de su santa ley. Se acordará del
sábado para santificarlo. Y cuando los
redimidos lleguen a ser ciudadanos de la nueva
tierra, el sábado será la señal
de su reposo eterno. |
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Y será que
de mes en mes y, de sábado en sábado,
vendrá toda carne a adorar delante
de mí, dijo Jehová (Isaías
66:23).
El versículo
precedente dice que ello ocurrirá cuando
los cielos nuevos y la tierra nueva sean establecidos
de manera permanente. Entonces todos seremos
observadores fieles del día del reposo
del Señor. En vista de que en esta vida
nos preparamos para la futura, ¿por
qué habríamos de vivir aquí en
forma diferente de como viviremos en las moradas
eternas?
¿Qué es
el sábado para el verdadero cristiano?
Hace muchos años,
cierta persona fue injustamente acusada de espía
en un país extranjero, y, sin dársele
oportunidad de defenderse, se la echó en
la cárcel y se la condenó a ser fusilada.
Cuando sus amigos lo supieron, fueron a ver al
embajador de su país y le suplicaron que
interpusiese su influencia para impedir un acto
tan injusto. Fue en vano.
Llegó el día de la ejecución.
El prisionero estaba frente al pelotón
de fusilamiento, con los ojos vendados y las
manos atadas. El oficial encargado de dar la
orden de fuego ya estaba listo para hacerlo.
Pero en ese momento se abrieron las puertas de
la cárcel y entró el embajador.
En menos tiempo del que se necesita para relatarlo,
corrió hacia el condenado y lo cubrió con
la bandera de su país, emblema de libertad.
La bandera cubrió al prisionero de la
cabeza a los pies. Entonces el cónsul
se volvió hacia el oficial y le dijo: "Lo
desafío a que haga fuego contra mi bandera".
Así se salvó el preso.
La bandera era un emblema de la patria a la
que pertenecía. No era su libertad, sino
un signo, una señal, de la libertad que
poseía por ser ciudadano de aquel país.
No era su patria: sólo la representaba.
Era el símbolo de una fuerza poderosa
que estaba a la disposición de todo buen
ciudadano.
Leamos ahora lo que dice la Palabra acerca del
sábado, el verdadero día de reposo
de Dios:
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Vosotros guardareis
mis sábados; porque eso es señal
entre mí y vosotros por vuestras edades,
pare que sepáis que yo soy Jehová que
os santifico (Exodo 31:13). |
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Y les di también
mis sábados, que fuesen por señal
entre mí y ellos, para que supiesen
que yo soy Jehová que los santifico
(Ezequiel 20:12).
El sábado
es como una bandera. Representa la autoridad
del gobierno de Dios. Es un signo de autoridad
y poder. Representa el reposo, la paz y la
seguridad del cristiano que es verdaderamente
ciudadano del cielo. No es el cielo, pero es
un anticipo de los gozos del reino celestial.
No es nuestra ciudadanía, sino el emblema
de las vidas consagradas que están ocultas
o protegidas con Cristo en Dios (Colosénses
3:3).
Si el embajador del
caso citado hubiese puesto sobre el condenado
la bandera de otro país, su gesto no hubiera
tenido fuerza porque se habría tratado
de una bandera ajena. De la misma manera, apreciado
amigo, escudémonos bajo la bandera del
cielo, el sábado, no bajo una bandera
extraña. Lea las bendiciones de
que gozaremos si somos fieles al símbolo
del poder creador de Dios. |
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Si retrajeres
del sábado tu pie, de traer tu voluntad
en mi día santo, y al sábado
llamares delicias, santo, glorioso de Jehová;
y lo venerares, no haciendo tus caminos,
ni buscando tu voluntad, ni hablando tus
palabras: entonces te deleitarás en
Jehová; y yo te haré subir
sobre las alturas de la tierra, y te daré a
comer la heredad de Jacob tu padre: porque
la boca de Jehová lo ha hablado (Isaías
58:13, 14).
¿Desea usted
paz y reposo? Escuche entonces la promesa hecha
a los que guardan todos los mandamientos de Dios: |
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¡Ojalá miraras
tú a mis mandamientos! Sería
entonces tu paz como un río, y tu
justicia como las ondas de la mar (Isaías
48:18).
¿Se siente
usted tentado a decir: "No me es posible guardar
el día de reposo de la Biblia, pero guardaré los
otros nueve mandamientos; me conformaré con
las nueve décimas partes de las bendiciones
prometidas a los que obedecen"? Recuerde que
el que viola un solo mandamiento está en
guerra contra el gobierno de Dios y, por lo tanto,
es como si desobedeciera toda la ley. No puede
recibir bendición alguna. |
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Porque cualquiera
que hubiera guardado toda la ley, y ofendiere
en un punto, es hecho culpado de todos (Santiago
2:10).
Estimado alumno:
Si usted se encuentra bajo una falsa bandera,
escuche hoy la amorosa invitación de Jesús,
su Salvador, quien murió para rescatarlo
de las fuerzas del mal, y le promete su gracia
poderosa para ayudarle a guardar sus mandamientos. |
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La Voz
de la Esperanza
Derechos reservados |
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