
| Lección
8: El poder de la fe
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Cuando Arquímides
descubrió el principio de la palanca declaró: "Dadme
un punto de apoyo, y levantaré el mundo".
Creer en el Dios todopoderoso, creador del cielo
y de la tierra es tener un punto de apoyo. Creer
en el Señor y autor de la vida es ensanchar
los fundamentos sobre los cuales puede construirse,
bloque tras bloque, un edificio sólido,
inmutable e indestructible.
Cada piedra del fundamento y del edificio todo, tiene un lugar propio
que ocupa por la fe. No se trata de una fe ciega, sino de una fe que
se desarrolla por la evidencia y la convicción y que está arraigada
en la Palabra infalible de Dios.
En un estudio anterior vimos que el hombre puede alcanzar la salvación
siempre y cuando acepte a Cristo como su Salvador. Por cierto que esto
es lo más sencillo que Dios pueda pedir del hombre ya que todo
se resume en una palabra: FE.
"Sin fe es imposible agradar a Dios", nos dice San Pablo (Hebreos 11:6).
Sin la fe no podemos ser salvos. Es tan sólo por la fe como podemos
presentarnos delante de Dios y recibir su gracia.
Dios desea hoy hombres y mujeres dotados de una fe poderosa. El Señor
Jesús es nuestro ejemplo de fe. Ella le permitió abandonar
el cielo y cargar con las flaquezas del hombre. Contaba únicamente
con el poder de Dios pare vencer toda tentación. No buscaba el
camino fácil. Sólo quería hacer la voluntad de su
Padre. Su fe lo condujo al Calvario, donde murió sabiendo que
resucitaría y entraría en su reino de gloria.
La fe que salva nos impulsa a asirnos de la mano del Salvador y a seguirle
a lo largo de los caminos por los cuales nos conduce. Esta fe no pregunta
si habrá dificultades, pruebas o tal vez la muerte. Va donde sea
necesario, con tal que sea con Cristo, y consiente en hacer todos los
sacrificios por él. Porque la fe sabe que en Cristo reside la
vida y el gozo eterno.
¿Por
qué debo tener fe?
Debo tener fe porque:
a) Sin fe es imposible agradar a Dios: |
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Empero sin fe
es imposible agradar a Dios; porque es menester
que el que a Dios se allega, crea que existe,
y que es galardonador de los que le buscan
(Hebreos 11:6).
b) En lo que concierne
a nuestra vida religiosa o espiritual, debemos
andar por fe: |
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Porque por fe
andamos, no por vista (2 Corintios 5:7).
c) Vivimos por fe: |
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Porque en él
la justicia de Dios se descubre de fe en
fe; como está escrito: Mas el justo
vivirá por la fe (Romanos 1 :17).
d) Somos justificados
por fe: |
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Justificados
pues por la fe, tenemos paz con Dios por
medio de nuestro Señor Jesucristo
(Romanos 5:1).
Por fe recibimos
el perdón de nuestros pecados y somos
admitidos entre los hijos de Dios: |
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Te envió para
que abras sus ojos, para que se conviertan
de las tinieblas a la luz, y de la potestad
de Satanás a Dios; para que reciban,
por la fe que es en mí, remisión
de pecados y suerte entre los santificados
(Hechos 26:17,18).
f) Por fe obtenemos
justicia: |
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Porque ¿qué dice
la Escritura? Dice así: Y Abrahán
creyó a Dios, y le fue contado a justicia
(Romanos 4:3, VM).
¿Donde
hallaré la fuente de la fe?
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Luego la fe
es por oír; y el oír por la
palabra de Dios (Romanos 10:17).
Nuestra fe crece
a medida que vamos conociendo a Cristo y, por
medio de él, al Padre. Y es mediante
las Santas Escrituras como aprendemos a conocer
a Cristo. Si escuchamos la Palabra de Dios,
es decir, si consideramos lo que dice, sin
preconceptos, nos dará fe para aceptar
sus declaraciones y amoldar nuestra vida de
acuerdo con ellas. J. C.Brunini, al escribir
acerca de esto, dijo: "La fe sobrenatural es
un don gratuito de Dios. Es un don que el hombre
no puede obtener por fuerza ni por astucia.
No tiene derecho a él, pero puede rogar
a Dios que se lo conceda". |
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Y dijeron los
apóstoles al Señor: Auméntanos
la fe (San Lucas 17:5). |
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Debemos siempre
dar gracias a Dios de vosotros, hermanos,
como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo,
y el amor... abunda en vosotros (2 Tesalonicenses
1:3).
Nuestra fe aumenta
a medida que ponemos nuestra confianza en Dios
y avanzamos en el cumplimiento de su voluntad.
Como los músculos del cuerpo, la fe
se desarrolla por el ejercicio.
¿Qué es
la fe?
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Es pues la fe
la sustancia de las cosas que se esperan,
la demostración de las cosas que no
se ven (Hebreos 11:1).
Notemos la definición
que da el "Catecismo de la Doctrina Cristiana": ¿Qué es
la fe?
"La fe es un don
sobrenatural que proviene de Dios y que nos
permite creer, sin dudar jamás, todo
lo que Dios reveló" (Pag. 4).
¿Por qué debe
creerse todo lo que Dios reveló?
"Debo creer todo
lo que Dios reveló, porque Dios es la
verdad y no puede engañar ni ser engañado" (Ibid.). |
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Porque por gracia
sois salvos por la fe; y esto no de vosotros,
pues es don de Dios (Efesios 2:8).
Creer no es un
mérito. Es simplemente aceptar un don.
Pero esta aceptación es condición
exigida para salvarse.
El hecho de que
no hayamos visto una cosa no significa que
no exista. Por ejemplo. China y Japón
existen aunque muchos no los conozcamos. Creemos
en su existencia porque confiamos en el testimonio
de quienes los conocen. Hay realidades que
están más allá de los
sentidos y que aceptamos confiados en el testimonio
de las Sagradas Escrituras. Las aceptamos por
fe. Y, precisamente, la fe es la "demostración
de las cosas que no se ven" (Hebreos 11:1),
es decir, de las realidades espirituales, celestiales
--Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo,
los ángeles, el cielo--, tan ciertas
como las realidades materiales que nos rodean.
El objeto de la fe
es, Dios revelado en su Hijo Jesucristo. |
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Esta empero
es la vida eterna: que te conozcan el solo
Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has
enviado (San Juan 17:3).
Si analizamos la
fe, observaremos que contiene tres elementos:
a) La creencia: |
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Por la fe entendemos
haber sido compuestos los siglos (mundos)
por la Palabra de Dios, siendo hecho lo que
se ve, de lo que no se veía... Empero
sin fe es imposible agradar a Dios; porque
es menester que el que a Dios se allega,
crea que existe, y que es galardonador de
los que le buscan (Hebreos 11:3, 6).
b) La confianza: |
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Por la fe Noé,
habiendo recibido respuesta de cosas que
aun no se veían, con temor aparejó el
arca en que su casa se salvase. Por esa fe
condenó al mundo, y fue hecho heredero
de la justicia que es por la fe (Hebreos
11:7).
c) La obediencia: |
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Por fe ofreció Abrahán
a Isaac cuando fue probado, ...pensando que
aun de los muertos es Dios poderoso para
levantar (Hebreos 11:17-19).
La fe es un acto
completo por parte del hombre. Es un
acto en el que participan su inteligencia,
su corazón y su voluntad.
¿Cómo
se manifestará mi fe?
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Y dijéronle: ¿Que
haremos para que obremos las obras de Dios?
Respondió Jesús, y díjoles:
Esta es la obra de Dios, que creáis
en el que él ha enviado (San Juan
6:28, 29).
¿Qué había
provocado la pregunta de los discípulos?
Recordemos que nuestro Señor había
realizado un milagro. Con cinco panes y dos
pececillos había alimentado a cinco
mil personas y se habían llenado doce
cestos con lo sobrante. Y nuestro Señor,
sabiendo que la muchedumbre lo buscaba para
hacerlo rey, desapareció.
Pero la gente no
aceptó la derrota y se negó a
perder a un jefe que podía proveer tan
perfectamente a sus necesidades temporales.
Buscaron a Jesús y lo encontraron. Y
cuando él los vio, leyendo en su ánimo
y corazón, les dijo: |
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De cierto, de
cierto os digo, que me buscáis, no
porque habéis visto las señales,
sino porque comisteis el pan y os hartasteis.
Trabajad no por la comida que perece, mas
por la comida que a vida eterna permanece,
la cual el Hijo del Hombre os dará (San
Juan 6:26, 27).
El Maestro había
empleado el término "trabajad". Entonces
quisieron saber en qué consistían
las obras que debían hacer para recibir
ese alimento que podía durar eternamente.
Hablaron de las "obras de Dios", las obras
exigidas por Dios por así decirlo, para
pagar ese don. Pero en su respuesta, nuestro
Señor redujo esas obras a una sola:
la obra de Dios. Esta obra consiste en tener
fe en él. La fe en Aquel que fue enviado
por Dios para comunicar el don de la fe es
la condición que debe cumplirse para
recibirlo. La fe es en sí misma una
obra, la obra suprema. Por ella el hombre se
entrega a Dios, y el hombre libre no puede
hacer una obra mayor que ésta.
Las obras, como
medio de salvación, no tienen valor. "Porque
por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante
de él" (Romanos 3:20). Y además: "Así que,
concluimos ser el hombre justificado por fe
sin las obras de la fe" (Romanos 3:28). La
misma fe, cuando deja de ser una comunión
viva con Cristo y se reduce lisa y llanamente
a creer, se vuelve inútil. Se asemeja
a la fe de los demonios. "Tú crees que
Dios es uno; bien haces. También los
demonios creen, y tiemblan (Santiago 2:19).
La prueba de que
la fe está en el corazón la proporcionan
las acciones que se manifiestan en la vida.
Nuestro Salvador dijo: |
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Entonces el
Rey diré a los que estarán
a su derecha: Venid, benditos de mi Padre,
heredad el reino preparado para vosotros
desde la fundación del mundo. Porque
tuve hambre, y me disteis de comer; sed,
y me disteis de beber; fui huésped,
y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis;
enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel,
y vinisteis a mí (San Mateo 25:34-36).
Tal es la obra
de Dios y la obra de la fe.
La fe cristiana
debe llevar frutos en la vida de quienes la
poseen. Esta fe se manifestará en sus
acciones. Abel, Enoc, Abrahán, Moisés,
todos estos héroes de la fe mencionados
en el capítulo once de la epístola
a los Hebreos cumplieron alguna acción
destacada que demostró la confianza
que tenían en el mundo venidero. Sus
acciones eran inspiradas por su amor a Dios
y ponían de manifiesto su fe. Sea que
hayan andado con Dios, construido un arca u
ofrecido a un hijo en sacrificio al Todopoderoso,
su fe se demostró tangiblemente, y esta
fue la razón por la que recibieron buen
testimonio. Sus obras no estaban destinadas
a asegurarles la salvación, ni a merecerla.
Las realizaban porque creían y amaban.
Parecería
que hubiera contradicción en lo que
acaba de afirmarse. Por un lado se dijo que
las obras no tienen valor, y por otro, que
son una prueba de nuestra fe. ¿Cuál
debe ser la actitud correcta? Hay un hecho
cierto que surge de la Palabra de Dios. Jamás
pidió Dios a sus hijos que hiciesen
sacrificios inútiles para obtener el
perdón de sus pecados. La salvación
es gratuita, totalmente gratuita. Pero, por
otra parte, Jesucristo murió para dar
satisfacción a la ley violada. Sólo
un ser sin pecado podía responder a
las exigencias de la ley de Dios. Sólo
nuestro Señor era ese ser sin pecado.
Murió, pagó el rescate, cumplió la única
obra que podía librar al pecador arrepentido.
Y cuando solicitamos el perdón de Dios,
nos dice: "He aquí, has sido sanado
(perdonado, salvado); no peques más" (San
Juan 5:14). Ello significa obedecer la ley,
obrar el bien. Si, únicamente apartándonos
de nuestros pecados y realizando obras buenas
podemos mostrar verdadero arrepentimiento.
Pero las efectuaremos después de haber
aceptado a Cristo por la fe, y mediante la
gracia que él nos da. "Dios es el que
en vosotros obra así el querer como
el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses
2:13). En otras palabras, las obras buenas
son el efecto, no la causa de nuestra salvación.
La obediencia,
fruto de la fe
En todas las épocas
, el corazón humano suspiró por la
liberación del pecado y de la muerte. La
epístola a los Romanos, en el capitulo 8,
versículo 22, nos dice que la creación
entera gime y anhela ser liberada. Así sucedía
cuando estuvo en la tierra nuestro Señor
Jesús. Los hombres anhelaban verse sanados
de la enfermedad del pecado. Un día, un
joven rico se le acercó. Ese joven había
procurado vivir respetablemente. Era un pecador
respetable. No había en su vida pecados
groseros, manifiestos a los ojos de quienes lo
rodeaban.
Sin embargo, no estaba satisfecho de si mismo. Buscó al Maestro
y le preguntó: "¿Qué bien haré pare tener
la vida eterna?"
Con estas palabras el joven admitía que le faltaba algo. Notaba
una laguna en su vida y por esto se había acercado a nuestro Señor.
Y he aquí cuál fue la respuesta de Cristo:
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Si quieres entrar
en la vida, guarda los mandamientos (San
Mateo 19:17).
Para salvarnos
tenemos que creer. Así es. La Santa
Biblia lo declara. Pero usted preguntará: "¿No
dice la Palabra de Dios que para ser salvados
debemos arrepentirnos y convertirnos?" Es verdad.
Ya hemos descubierto las dos respuestas a la
mayor pregunta que puede plantear un ser humano:
a) Creer
b) Arrepentirnos y convertirnos
Pero, además,
debemos obedecer la ley de Dios.
Si abrimos la Santa
Palabra en el Evangelio según San Mateo,
capítulo 18, versículos 17 al
19, veremos que nuestro Señor al responder
al joven rico, alude a la ley de los Diez Mandamientos. ¿Cómo
podemos conciliar la respuesta de nuestro Señor
con las de San Pablo y de San Pedro? Veamos:
Cuando solicitamos
los cuidados de un médico, sólo
podemos esperar que nuestra salud mejore si
seguimos cuidadosamente sus consejos. Cuando
nos acercamos al gran Médico, debemos
estar dispuestos a aceptar su diagnóstico
y prescripción y a seguir al pie de
la letra lo que nos ordena. La receta divina
para curar el pecado abarca tres partes: las
tres respuestas a la misma pregunta no pueden
ir separadas. Son como tres tabletas que hubiesen
de tomarse juntas y que sólo darán
los resultados esperados si se sigue con cuidado
el consejo de Dios. Una tableta sola no basta.
Tampoco dos. Hay que tomar las tres. Cada una
está basada en la fe en Jesús,
que puede darnos fuerza para resistir el pecado.
La fe transforma
nuestra vida. Una vida de desobediencia, gracias
a la fe se convierte en una vida de obediencia.
Obediencia es la fe en acción. Por eso,
cuando nuestro Señor Jesús nos
dice que la liberación del pecado depende
de nuestra obediencia a los mandamientos de
Dios, todo lo que nos pide es que vivamos en
armonía con los principios del cielo,
para que no caigamos más en el pecado.
Si en verdad aceptamos a Cristo como nuestro
Salvador personal, lo amaremos. El amor divino,
al arder en nuestro corazón, nos inducirá a
cambiar de vida. El amor de Dios producirá en
nosotros una obediencia espontánea a
su voluntad. |
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Porque el amor
de Cristo nos constriñe (2 Corintios
5:14). |
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En esto conocemos
que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos
a Dios, y guardamos sus mandamientos. Porque
este es el amor de Dios, que guardemos sus
mandamientos; y sus mandamientos no son penosos
(1 San Juan 5:2, 3).
El que dice que
cree, pero no es transformado por su fe, se
engaña. Y cualquiera que acepte el perdón
de sus pecados y, sin embargo continúa
pecando como anteriormente, es víctima
de una ilusión. Debemos creer, debemos
ser cambiados. Debemos obedecer. La Palabra
de Dios declara: |
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Mas sed hacedores
de la palabra, y no tan solamente oidores,
engañándoos a vosotros mismos
(Santiago 1 :22).
El caso siguiente
ilustrará esta triple verdad bíblica:
A principios del
siglo pasado, cuando ciertos hombres audaces
se hacían famosos atravesando las cataratas
del Niágara en un barril, se anunció que
un hombre las iba a cruzar caminando sobre
un cable tendido de una villa a la otra por
encima de las cataratas. El día indicado,
millares de personas se reunieron en las riberas
del Niágara para ver al acróbata
cumplir su hazaña. El hombre estaba
de pie sobre una plataforma, y a su lado se
encontraba una carretilla que él iba
a empujar mientras hacía la travesía.
La muchedumbre
excitada aguardaba el campanazo que anunciaría
el comienzo del peligroso viaje. El hombre
se volvió hacia la gente y preguntó cuántas
de las personas presentes creían que
llegaría sano y salvo a la villa canadiense.
Ni una sola mano se alzó. Insistió el
hombre diciendo que la confianza de la gente
lo animaría emprender su viaje. Nuevamente
preguntó si había en la muchedumbre
una sola persona que creyese en su éxito.
Mirando bien, vio una mano levantada a medias.
Hizo subir al hombre a la plataforma, lo rodeó con
sus brazos y le preguntó si realmente
tenia plena confianza en él. El hombre
respondió que sí. El acróbata
lo tomó entonces de la mano diciendo: "Pues
bien, si usted cree verdaderamente, suba en
la carretilla y venga conmigo". Tal es el verdadero
significado de la palabra creer. Si creemos
de verdad acompañaremos al Señor
Jesús.
A los que buscamos
a Dios, el Redentor, el gran Médico
nos ofrece una curación. Dios dio su
vida por nosotros. Nos asegura que su sacrificio
es el único remedio. Declara que es
el único Médico que puede salvarnos
de la muerte eterna. Nos repite que sólo
tendremos salvación si ponemos en práctica
su triple receta:
a) Creer en el Señor
Jesús (Hechos 16:31 ).
b) Arrepentirse y convertirse (Hechos 3:1 9).
c) Obedecer por amor los mandamientos de Dios
(San Mateo 19:17; San Juan 5:2, 3).
Esto es todo lo
que necesitamos para salvarnos. Apreciado amigo, ¿no
quisiera usted ser sanado hoy de la enfermedad
del pecado? |
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La Voz
de la Esperanza
Derechos reservados |
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