
| Lección
2: Conozcamos al Creador
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¿Qué propósito
tiene la vida? ¿Qué vine a hacer
a este mundo? ¿Quién es Dios? ¿Se
interesa de veras en mí? ¿Qué significa
el sacrificio de Cristo para mí? ¿Existe
en realidad el cielo? ¿Tengo una probabilidad
de ir allá un día? ¿Qué es
el infierno? ¿Dónde está? ¿Qué me
pasará cuando muera? ¿Destruirá la
bomba atómica nuestro mundo? ¿Se
puede conocer el porvenir?
Quienquiera que usted sea, ¿no es verdad que se hace a veces
preguntas semejantes? ¿Desea de todo corazón obtener la
respuesta correcta? Dios tiene la solución de todos los problemas
angustiosos que nos oprimen. ¿Desea usted saber qué dicen?
Si quiere saberlo, síganos, lección tras lección,
mientras abrimos las páginas del Libro que lo contesta todo. Y
si usted estudia con entusiasmo e interés por conocer la verdad,
verá desvanecerse sus dudas y cavilaciones, tal como la oscuridad
de la noche se disipa ante la luz gloriosa del amanecer.
Al estudiar estas lecciones, cuyo objeto principal es revelar a nuestros
ojos el plan divino para la humanidad, procuremos recordar la exhortación
de nuestro Señor Jesucristo: "Bienaventurados los que oyen la
palabra de Dios, y la guardan" (San Lucas 11:28).
Dios existe
¡Dios! La
religión cristiana lo llama Creador, nuestro
Padre celestial, la Fuente de la vida y de la
verdad... Pero estos atributos son demasiado
vagos para quien está buscando seguridad.
Si Dios nos da la solución de todos nuestros
problemas, si el secreto de la felicidad consiste
en conocerlo, entonces queremos conocerlo.
Nuestra razón, nuestro corazón y nuestra conciencia proclaman
con fuerza que Dios existe, que es el Creador del cielo y de la tierra,
que hizo al hombre a su imagen y que reveló su bondad.
Pero a Dios no se lo puede definir ni explicar. Si bien es verdad que
las pruebas de su existencia son visibles, no deja de ser verdad también
que el hombre librado a su suerte no puede comprender a Dios. Por esa
razón Dios ha resuelto revelarse a sí mismo, a fin de que
el hombre pueda conocerlo, y para lograrlo ha elegido tres medios: la
naturaleza, la conciencia humana y la Sagrada Escritura.
Dios revelado
en la naturaleza
La potencia del
creador se manifiesta en forma destacada en la
existencia de los mundos, en el orden y la armonía
que los rigen y que atestiguan la sabiduría
infinita de un gran artista. Y en la providencia
que todo lo previó y todo lo ha provisto
para que se produzca sin interrupción,
podemos descubrir también la ternura conmovedora
de un Padre amante y compasivo. Lleno de admiración
el salmista exclama: |
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Los cielos cuentan
la gloria de Dios, y la expansión
denuncia la obra de sus manos. Un día
emite palabra, y una noche a la otra noche
declara sabiduría. No hay dicho, ni
palabras, ni es oída su voz. Por toda
la tierra salió su hilo, y al cabo
del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo
para el sol. Y él, como un novio que
sale de su tálamo, alégrase
cual gigante para correr el camino. Del un
cabo de los cielos es su salida, y su giro
hasta la extremidad de ellos: y no hay quien
se esconda de su calor (Salmo 19:1-6).
David oía,
por medio de la naturaleza, la voz de Dios
dirigiéndose al hombre, y a partir de
la belleza de la creación sus pensamientos
se elevan con toda naturalidad al Creador.
Del Dios de la naturalidad pasaba sin esfuerzo
al Dios de la gracia.
Por su parte el
apóstol San Pablo dice: |
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Las cosas invisibles
de él, su eterna potencia y divinidad,
se echan de ver desde la creación
del mundo, siendo entendidas por las cosas
que son hechas (Romanos 1:20).
æ'Dios es Amor',
está escrito en cada capullo de flor
que se abre, en cada tallo de la naciente
hierbaŽ, todos atestiguan el tierno y paternal
cuidado de nuestro Dios y su deseo de hacer
felices a sus hijosī (E. G. White).
En la primera página
de las Santas Escrituras leemos: |
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Y vio Dios todo
lo que había hecho, y he aquí que
era bueno en gran manera (Génesis
1:31).
Desgraciadamente,
vino Satanás y sembró la destrucción
en el campo de Dios. Si bien la naturaleza
nos revela el amor de Dios, también
nos revela el poder del mal. Esas dos revelaciones
contradictorias se cruzan y se combinan: el
mensaje de Satanás deforma el mensaje
y dificulta a veces su comprensión.
Abundan los malos hombres, las malezas y las
fieras. Las cizaña perjudica a quienes
cultivan campos. Los cataclismos, los terremotos,
las inundaciones, las sequías siembran
la devastación. Nos asombran a un tiempo
la aridez quemante del desierto y la aridez
glacial de los polos. Todo esto es anormal.
Es la consecuencia del pecado, y desaparecerá con él.
Así lo declara la Palabra de Dios con
una promesa que, en su sentido más amplio,
abarca la naturaleza entera: |
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Por que las
criaturas sujetas fueron a vanidad, mas por
causa del que las sujetó con
esperanza, que también las mismas
criaturas serán libradas de la servidumbre
de corrupción en la libertad gloriosa
de los hijos de Dios (Romanos 8:20,21).
Cuando la naturaleza
deje de ser el campo de batalla donde estos
dos adversarios sumamente poderosos se enfrente
en el combate más terrible que se haya
reñido jamás, entonces el mensaje
de Dios recobrará toda su claridad y
otra vez el hombre podrá leer, sin temor
de equivocarse, el libro de la Naturaleza,
Nuevamente será ella el espejo de la
divinidad.
Dios revelado
en la conciencia
Si Dios se revela
por medio de la creación, es natural que
se manifieste en forma más especial en el
alma de la más noble de sus criaturas, el
hombre, a quien creó a su imagen y dio la
realeza universal.
Dios habla al hombre por medio de su conciencia, cuya voz se oye distintamente:
nos aprueba cuando hacemos el bien y nos condena cuando obramos mal.
La conciencia ha sido puesta por Dios en el hombre para cumplir una
misión, a saber, enseñarenos tres nociones fundamentales:
a) La noción del bien y del mal.
b) La noción de la obligación moral.
c) La noción de la libertad individual.
Si estoy en condición de distinguir el bien debo cumplirlo, y
si puedo discernir el mal debo evitarlo. Un hecho tal prueba que soy
un ser libre y responsable de mis acciones.
Pero aunque delicada y sensible, la conciencia no es un guía
suficiente. Necesita ser dirigida. Si el hombre fuese verderamente normal,
su conciencia y su razón le servirían sin desfallecimiento,
pero su caída en el pecado y en prolongado hábito de obrar
mal han degenerado su conciencia. La herencia, que a veces pesa mucho
, las falsas enseñanzas y los malos ejemplos y, sobretodo, las
malas costumbres que contraemos con tanta facilidad alteran la conciencia
más delicada. El mal pierde pronto sus ribetes de delito cuando
se lo ve y se lo practica por un tiempo.
Dios revelado
en su Santa Palabra
Por causa del pecado,
el mensaje que Dios dirige al hombre por medio
de la naturaleza y la conciencia ha perdido parte
de su claridad. Por lo tanto, Dios nos ha dado
una tercera revelación: Su Santa Palabra.
Este libro, único en el mundo, contiene enseñanzas y ejemplos
por medio de los cuales ha instruido a la humanidad a través de
los siglos. Así, tenemos una completa revelación de Dios:
mediante la naturaleza, la conciencia y las Santas Escrituras. De las
tres, las Santas Escrituras constituyen la revelación más
importante, pues nos hacen ver lo que Dios hizo y dijo para salvar a
los pecadores. Por medio de ella el Padre nos presenta a su Hijo, nuestro
Señor Jesucristo, el instrumento de esa salvación maravillosa.
Su extraordinaria
vitalidad
¿Cómo
pudo la Biblia, a pesar de los golpes que se le
asestarón tantas veces, llegar a ser el
libro del cual se vende más ejemplares en
el siglo XX? Inversamente, ¿por qué hubo
hombres que prefirieron morir antes que separarse
de su ejemplar de la Palabra? Es que en ese Libro
hay una vitalidad que lo hace prosperar en la adversidad
o vivir en la muerte. Veamos lo que decía
al respecto un anciano cierta vez:
"Estas palabras son espiritu y vida. Tomad estas semillas de verdad
y plantadlas en la China. ¿ Qué sucede? Germinan, crecen,
florecen y llegan a ser un gran hospital cristiano donde desdichados
paganos acuden en busca de la curación que Dios concede a sus
cuerpos enfermos. Plantad estas semillas en Africa, y las veréis
crecer en escuelas cristianas donde la luz de Jesús disipa las
tinieblas de la superstición y el paganismo. Vedlas germinar en
el suelo de la India. Llegan a ser una gran casa editorial donde los
impresos portadores de vida salen de las prensas para despertar
los espíritus adormecidos desde muchos siglos por las filosofías
estancadas del pasado". Nuestro Señor dijo:
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|
Las palabras
que yo os he hablado, son espíritu
y son vida (San Juan 6:63).
Pensemos en la
enorme cantidad de ejemplares de las Santas
Escrituras que se han publicado desde que se
inventó la imprenta hace quinientos
años: ¡1.500.000.000 de ejemplares!
En su tiempo, Voltaire afirmó que en
menos de una generación la Biblia sería
un libro olvidado. Pero la misma casa donde
vivió Voltaire fue transformada en depósito
de una Sociedad Bíblica ¿Dónde
está Voltaire hoy? ...En cambio la Biblia
sigue viviendo. ¡Qué extraordinaria
vitalidad!
¿Cuál
es el secreto?
¿Cuál
es el secreto de esa vitalidad? He aquí la
respuesta:
La palabra de Dios es un libro inspirado. En
efecto, a pesar de que casi cuarenta distintas
personas --reyes, estadistas, labradores, poetas,
médicos-- y en un lapso de casi mil quinientos
años, contribuyeron a redactarla, es una
obra maestra de unidad. Es una carta que Dios
nos escribió y en la que nos dice todo
lo que debemos saber con respecto a nuestro Creador,
y con respecto a Jesucristo, su Hijo, nuestro
Salvador, a la vez que nos indica nuestro origen
y destino. La Palabra de Dios posee la solución
de todos los problemas humanos. ¿Es posible
esto? Veamos la explicación:
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Toda Escritura
es inspirada divinamente y útil para
enseñar, para redarguir, para corregir,
para instituir en justicia, para que el hombre
de Dios sea perfecto, enteramente instruido
para toda buena obra (2 Timoteo 3:16,17).
El secreto del
poder de la Palabra de Dios reside en el hecho
de que es un libro inspirado, es decir que
existe por el aliento divino. Notemos el testimonio
que la Palabra de Dios da acerca de sí misma: |
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Los santos hombres
de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu
Santo (2 San Pedro 1:21).
Es ésta
una verdad tan evidente que expresiones como "Así dice
Jehová", "Dice Dios", se encuentran
más de 2.500 veces en las Santas Escrituras.
El salmista declara: |
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El espíritu
de Jehová ha hablado por mí,
y su palabra ha sido en mi lengua (2 Samuel
23:2).
Profetas, salmistas
y apóstoles, todos declaran que sus
escritos provienen de la misma fuente. Hombres
escogidos por Dios sintieron que sobre ellos
se asentaba el poder del Espíritu Santo.
Fue mediante sueños y visiones celestiales
y bajo la inspiración de Dios como fueron
impulsados a hablar y a escribir. Dios pronunció sus
verdades eternas por intermedio de estos hombres
de antaño. Examinemos la evidencia del
poder manifestado por esa Palabra. |
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Por la palabra
de Jehová fueron hechos los cielos,
y todo el ejército de ellos por el
espíritu de su boca... Porque el dijo,
y fue hecho; él mando, y existió (Salmo
33:26,9).
¿No es esto
impresionante? La Palabra inspirada dice: "Sea",
y he aquí que surgen a la existencia
las cosas materiales. |
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Por la fe entendemos
haber sido compuestos los siglos (mundos)
por la palabra de Dios (Hebreos 11:3).
Aún hoy,
la misma palabra que creó el mundo continúa
su obra. El apóstol nos muestra a Dios "sustentando
todas las cosas con la palabra de su potencia" (Hebreos
1:3).
La creación
es un testimonio mudo del poder de la Palabra
de Dios. Cuando él habla, su Espíritu
obra y lo invisible se materialize. El poder
divino que se ve en la creación es el
mismo que se manifestó en la vida de
nuestro Señor, el hombre-Dios de Galilea.
La Biblia es verdaderamente la Palabra de Dios.
El Nuevo Testamento atestigua la verdad del
Antiguo, cuyas palabras cita de continuo. Estas
dos partes testifican una acerca de la otra
y se complementan.
¡Con qué fidelidad
debiéramos considerar cada doctrina
de las Santas Escrituras! ¡Cuán
dispuestos debiéramos estar a aceptar
las reprensiones que nos dirigen! ¡Con
cuánto agradecimiento debiéramos
someternos a su corrección y con cuánto
ardor debiéramos escudriñarlas
para aprender en qué consiste la debida
manera de vivir! La Santa Palabra de Dios es
una norma de vida. Es el mapa de nuestro camino
a la vida eterna. Por esto debemos hacer de
la Palabra Santa la guía infalible de
nuestra vida. |
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¡A la
ley y al testimonio! Si no dijeren conforme
a esto, es porque no les ha amanecido (Isaías
8:20).
¿Podemos
experimentar el poder de esa Palabra en nuestra
vida? Sin duda alguna; pero tan sólo
en la medida en que dejemos de lado nuestras
opiniones personales, nuestros prejuicios y
toda creencia que no concuerde con esa Palabra.
El poder es para todos los que hacen de las
Santas Escrituras la guía de su vida.
Apreciado amigo, ¿desea
usted ese poder en su vida? La invitación
que nos dirige el Señor es: "Gustad,
y ved que es bueno Jehová" (Salmo 34:8).
A Dios
Perlas son de
tu mano las estrellas;
tu corona los soles, que el vacío,
prendió tu mano, y de tu imperio pío,
espada y cetro al par son las estrellas.
Por el éter y el mar andas sin huellas;
y cuando el huracán suelta bravío,
sus mil voces de un polo al otro frío,
con tu voz inmortal sus labios sellas.
Doquier estás, doquier llevan tu nombre
mares, desiertos, bosques y palacios,
cielos, abismo, el animal, el hombre;
aunque estreches la mente y los espacios,
te llevan ¡oh Señor! sin contenerte;
te adoran ¡oh Señor! sin conocerte.
Anónimo
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La Voz
de la Esperanza
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