En materia de publicidad se ha dicho que lo que no
se da a conocer, es como si no existiera. Puede haber
un remedio muy bueno para curar cierta enfermedad,
pero si se ignora su existencia, los enfermos morirán
a pesar de que exista cura para ellos. Esto también
es aplicable a la expresión del amor en el hogar.
La expresión del amor
El cónyuge que no expresa su afecto en atenciones,
en palabras y en hechos, está marchitando el amor
en el corazón de su compañero. Seguramente lo
ama, pero si no se lo manifiesta, será como si no
existiera ese amor y la otra persona hasta podrá pensar
que no es amada.
El novio que con orgullo le entregaba un costoso
obsequio a su novia porque deseaba conquistarla, se transforma a veces en el
esposo que considera una debilidad llevarle un ramo de flores o un presente a
su esposa. Cuando perdemos a un ser amado cubrimos su ataúd con flores. Exteriorizamos
así nuestro afecto. Pero ¿qué hubiese sucedido si le hubiéramos hecho muy feliz
y nosotros mismos hubiéramos sido mucho más dichosos? El matrimonio no debe ser
el final de las atenciones galantes, sino el verdadero principio de las mismas.
El cónyuge que recibe una atención, por pequeña que sea en valor pecuniario,
recibe un mensaje de afecto de valor incalculable. Esa atención significa que
Ud. pensó en él, que lo recordó con cariño durante el día, y que desea hacerlo
feliz.
Pero no sólo gastando en un regalo podemos expresar
nuestro afecto y estima. ¡Cuántas veces una sola palabra de ternura y reconocimiento
basta para borrar en el corazón del cónyuge las fatigas y los contratiempos de
una jornada agotadora! Si se procede así, el matrimonio, en lugar de ser el fin
del amor será su verdadero comienzo.
La fusión de las personalidades
Por cuidadosos y prudentes que hayan sido los contrayentes,
pocas son las parejas que están perfectamente unidas
al realizarse la ceremonia nupcial. La verdadera
unión de ambos cónyuges es obra de los años futuros. Ambos
inician una empresa común, pero teniendo su propia
personalidad. Quizá provengan de hogares con enfoques
diferentes ante los variados problemas de la vida,
o quizá de distinto nivel cultural.
El aspecto romántico con que la imaginación suele
revestir a menudo el matrimonio, desaparece ante los esposos al presentárseles
la vida con su carga de afanes, preocupaciones y frustraciones. Es entonces cuando
ambos esposos aprenden a conocerse como no lo habían hecho antes. Es uno de los
momentos más críticos en la vida de toda pareja. La felicidad futura depende
de la actitud serena y juiciosa que adopten en ese momento. A menudo cada uno
de ellos descubre en el otro defectos y flaquezas que nunca imagina que podría
tener. En tal situación no es difícil que en alguno de ellos surja la pregunta: ¿Será que
me equivoqué? ¿No hubiera sido mejor que me hubiese casado con Fulano o Mengana?
Y en verdad si se hubiese casado con Germán o con Graciela hubiese tenido los
mismos problemas, pues siempre habrían sido dos personalidades que necesariamente
debían ajustarse. Ni el esposo ni la esposa deben fundir su individualidad en
la del otro. Pero con el andar del tiempo dichos ajustes irán produciendo una
armonía conyugal plena de satisfacción. Esta es una obra de toda la vida.
Juntamente con los aspectos negativos, también
descubrirán rasgos positivos desconocidos hasta entonces. La actitud serena y
juiciosa a que aludíamos en el párrafo anterior incluye el descubrir y alentar
las virtudes mas bien que los defectos. Los corazones unidos por el amor procurarán
con bondad y tacto limar los defectos y pulir las virtudes a fin de que brillen
más. La Sagrada Escritura tiene un consejo oportuno para los esposos que
pasan por esta situación: "Por lo demás, todo lo que es verdadero, todo
lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen
nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad" (Filipenses
4:8).
Felices los esposos que, al emprender la aventura
de la vida matrimonial, se reconocen y aceptan tales como son y con la ayuda
de Dios se proponen armonizar sus personalidades. Esta sensata actitud es muy
semejante a la del marino que antes de aventurarse por los océanos, ajusta y
pone en orden los avíos de su barco. Por otra parte, si la barca del matrimonio
ya ha soltado amarras, ¿no le parece que con mayor razón los esposos deberían
ajustar sus personalidades a fin de hacer más seguro el rumbo?
Como mantener el amor
Hay quienes piensan erróneamente que la conquista
del cónyuge es algo que concluyó en el altar. Esta
posición falsa a menudo crea un vacío afectivo en uno
o en ambos cónyuges, que lamentable y desgraciadamente
es aprovechado muchas veces por terceros para iniciarlos
en el camino de la infidelidad y la desdicha. El amor
es la planta más delicada y la más importante de todas
las que deben cultivar los esposos. Un experto ha dicho: "La
acción más importante que un padre puede hacer por
sus hijos es amar a la mujer que los trajo al mundo". Las
reyertas entre los padres producen inseguridad e inestabilidad
en el carácter de sus hijos.
¿Protege Ud. su matrimonio mediante pequeños actos
de consideración? ¿Está seguro su cónyuge de su afecto por él? ¿Sabe su esposa,
o esposo, que ningún ataque extremo podrá poner en peligro la estabilidad del
barco matrimonial?
Para mantener el amor también es necesario desterrar
el rescoldo de algún rencor. Este sentimiento negativo impide manifestar afecto
y aleja la felicidad del corazón que lo alberga. La Biblia tiene un buen consejo
al respecto: "No se ponga el sol sobre vuestro enojo" (Efesios 4:26).
Por otra parte, la más genuina cortesía que brota
espontáneamente de nuestra consideración hacia los demás creará la atmósfera
apropiada para el cultivo del amor.
La intimidad del matrimonio
En nuestros días asistimos a lo que se ha dado en
llamar la "revolución sexual". Si bien es
cierto que una información adecuada acerca del sexo
es deseable y útil, es lamentable la tendencia a darle
una exagerada importancia.
En el seno de las familias más dichosas, a las
cuestiones sexuales se les da sólo el lugar que les corresponde, y es además
probablemente cierto que el tema del sexo cobre una importancia desusada en las
familias inestables. En los hogares felices no es que se descuiden las relaciones
sexuales, sino que se las considera sólo una parte aunque muy importante, de
ese gran todo que es el matrimonio.
La relación sexual representa la culminación
lo último y
definitivo en la felicidad conyugal. Significa infinitamente más que la satisfacción
de los impulsos eróticos
No es el motivo del verdadero amor (Harold
Shyrock, El Secreto de la Dicha Conyugal, pág.177).
Al Creador del hombre le plugo poner este impulso
sexual para preservar la especie, y para hacer más completa la felicidad de la
pareja. Por otra parte, el matrimonio es el estado ideal donde este noble
instinto encuentra su expresión correcta.
Siendo que la satisfacción sexual mutua es tan
importante en la felicidad y estabilidad conyugal, ambos esposos deberían procurar
alcanzar una armonía aceptable en este aspecto.
La intimidad del matrimonio
En nuestros días asistimos a lo que se ha dado en
llamar la "revolución sexual". Si bien es
cierto que una información adecuada acerca del sexo
es deseable y útil, es lamentable la tendencia a darle
una exagerada importancia.
En el seno de las familias más dichosas, a las
cuestiones sexuales se les da sólo el lugar que les corresponde, y es además
probablemente cierto que el tema del sexo cobre una importancia desusada en las
familias inestables. En los hogares felices no es que se descuiden las relaciones
sexuales, sino que se las considera sólo una parte aunque muy importante, de
ese gran todo que es el matrimonio.
La relación sexual representa la culminación
lo último y
definitivo en la felicidad conyugal. Significa infinitamente más que la satisfacción
de los impulsos eróticos
No es el motivo del verdadero amor (Harold
Shyrock, El Secreto de la Dicha Conyugal, pág.177).
Al Creador del hombre le plugo poner este impulso
sexual para preservar la especie, y para hacer más completa la felicidad de la
pareja. Por otra parte, el matrimonio es el estado ideal donde este noble
instinto encuentra su expresión correcta.
Siendo que la satisfacción sexual mutua es tan
importante en la felicidad y estabilidad conyugal, ambos esposos deberían procurar
alcanzar una armonía aceptable en este aspecto.
Lealtad, compañerismo
El matrimonio debería ser considerado
por los esposos como un círculo cerrado, en lo que
toca a sus aspectos privados e íntimos. Nadie
debería penetrar en sus secretos a menos que decidan
llevar algún problema a un consejero especial, como
podría ser el médico de la familia, un pastor, un
clérigo o un amigo de probado criterio. A veces algún
esposo o esposa, bajo ciertos estados emocionales
confía su problema a alguien, para descubrir al poco
tiempo que esa persona no fue discreta, por lo que
se enteran de él algunas otras, ante quienes ya no
puede sentirse cómoda.
Otra buena norma de lealtad conyugal es la de
no recurrir jamás al engaño u ocultamiento de la verdad. Este proceder podrá evitar
un mal momento, pero una vez descubierto minará la confianza del cónyuge. Por
muy espinoso que sea un problema relativo a los hijos, por ejemplo, es preferible
una discusión franca que permitir que la duda socave el fundamento mismo del
hogar: la confianza mutua. ¿Podrían continuar como socios dos comerciantes que
se defraudaran mutuamente? Siendo el matrimonio una sociedad sagrada, ¿no le
parece que debe regirse por la más estricta lealtad?
Además de esposos, los cónyuges deben ser verdaderos
amigos y compañeros. Cuando el esposo se interesa en la labor de su esposa
en el hogar, desde el arreglo de la casa hasta la dirección de los hijos y su
progreso en la escuela, ella siente que él "está a su lado", que no
está sola en la tarea. Igual le ocurre al marido que siente el estímulo de
su esposa, ya sea en su trabajo o en sus pasatiempos. Se ha dicho que hay hombres
que triunfan sin sus esposas, otros que triunfan a pesar de sus esposas, y otros
que triunfan con sus esposas. Amigo cónyuge, integre Ud. esta última legión a
la cual debe tanto la sociedad.
Reflexion personal
Responda si el término respectivo ha sido de 3
meses, o de 6 meses, o de 1 año:
¿Cuánto tiempo hace que no le llevo un presente
a mi esposa?
¿Cuánto tiempo hace que no le hago un obsequio
o el postre favorito a mi marido, expresándole así el cariño que siento
por él?
El amor que no se expresa muere. ¿Cuándo fue la última
vez que le dije a mi cónyuge que él constituye lo que más quiero en este mundo?
¿Cuándo fue la última vez que expresé mi sincero
aprecio por todo lo que mi esposa hace en las tareas del hogar, y le manifesté mi
deseo de ayudarle?
¿Cuándo fue la última vez que le expresé a mi
esposo mi reconocimiento tras agotadoras jornadas de trabajo?
¿Cuándo fue la última vez que salimos juntos para
pasar algunas horas fuera de casa, ya sea en la ciudad o en el campo?
Conteste a las siguientes preguntas con un sí o con un no:
¿Recuerdo los aniversarios: cumpleaños, casamiento,
etc.?
¿Actúo de manera que mi cónyuge se sienta cómodo
delante de otras personas?
¿Quedan lealmente--en casa--los aspectos íntimos
del matrimonio, o los comparto con terceros?
¿Evito la ironía y procuro con afecto ayudar a
mi cónyuge a superar sus defectos?