Habiendo
tratado en la lección anterior los aspectos atinentes
al noviazgo y formalización del matrimonio, en la presente
destacaremos algunos conceptos que contribuirán a caracterizar,
o definir a un hogar feliz, como deseamos que sea el
suyo.
¿Qué es un hogar?
Hogar,
dulce hogar! Sin embargo, ¿es siempre fácil lograrlo? Alguien ha dicho que
el hogar "es una alfombra de paz, paredes de amor que lo guardan, un techo
de esperanza y una puerta abierta a Dios y al prójimo. Es un círculo mágico
donde los espíritus cultivados hallan descanso, y el lugar al cual acuden los
corazones abrumados para hallar refugio contra los embates de la vida. Es un
nido lleno
de amor en un mundo envuelto en luchas". Por otra parte, es el reino del
hombre, el mundo de la mujer y el paraíso de los niños.
El muchachito miraba con interés el nuevo pueblo
adonde se habían mudado. Un forastero le preguntó " ¿Se halla en este pueblo
tu hogar?" "Si señor --repuso el niño--, nuestro hogar esta aquí aunque
todavía no le hemos conseguido casa. Papá esta edificando una para instalarlo".
Podemos cambiarnos de casa, pero no de hogar.
Para formarlo se necesitan más que cuatro paredes. Hogar significa calor,
amor, ternura, simpatía, comprensión y comunicación afectuosa entre los padres
y los hijos. Entendido así, el hogar puede encontrarse en un palacio o en
una chocita, en el pequeño departamento de una gran ciudad o en la cumbre de
una montaña; hay hogar donde hay amor.
Entre las muchas definiciones de hogar que recibió una
revista londinense después de una encuesta, se destacan las siguientes:
a) Hogar: es un mundo de dificultades afuera,
y un mundo de amor adentro.
b) Hogar: es el lugar donde los pequeños son grandes
y donde los grandes son pequeños.
c) Hogar: es el lugar donde rezongamos más y se
nos trata mejor.
d) Hogar: es el lugar donde nuestro estómago recibe
tres comidas diarias y nuestro corazón mil.
e) Hogar: es el único lugar de la tierra donde
las faltas y los fracasos de la humanidad quedan ocultos bajo el suave manto
del amor.
Todos podemos tener un hogar así. ¿Por qué no
empezar hoy mismo? Todos podemos llegar a ser felices en la medida en que nos
decidamos a serlo, y en la medida en que estemos dispuestos a pagar el precio
de la abnegación y del esfuerzo perseverante.
Hogares malformados
Caso
No. 1. --¿De veras te casas ?--le preguntó su amigo a
Ricardo.
--Así es --afirmó éste--, pero no vayas a
creer que estoy enamorado. Lo decidí al hacer mis cálculos y comprobar que me
saldrá mas barato que vivir en el hotel.
Caso No. 2. El padre trataba, sin éxito, de razonar
con Rosa y Alfredo, dos adolescentes de 16 y 17 años que deseaban casarse. Trataba
de demostrarles que física y emocionalmente no estaban todavía maduros para afrontar
las responsabilidades que envuelve el matrimonio. Finalmente le hizo a Alfredo
una pregunta que había estado tratando de evitar:
--¿Cómo sostendrás tu hogar?
Rosa terció diciéndole a su progenitor:
--¡Papá, nos casaremos aunque tengamos que vivir
a pan y agua!
Alfredo quedó pensativo y dijo:
--Ahora comprendo, Sr. Fernández. Honestamente
reconozco que lo único que podríamos costear es el agua.
Caso No. 3. --¡Cómo! ¿Te casaste? No supimos nada
de tu boda-- le decían dos compañeras a Gloria.
Esta bajó el rostro y con lágrimas repuso:
--Pronto seremos padres y decidimos con Alberto
realizar un casamiento privado, en medio de una tempestad familiar.
El egoísmo interesado de Ricardo, la inmadurez
y precipitación irresponsables de Rosa y Alfredo, y la relación premarital de
Gloria que abatió de vergüenza su frente, ilustran sólo tres de los tantos
casos de hogares mal formados en nuestros días.
"Antes de asumir las responsabilidades del
matrimonio, los
jóvenes y las jóvenes deben tener experiencia en la vida práctica, que los haga
aptos para cumplir con sus deberes y llevar las cargas de la vida. No hay que
favorecer los matrimonios prematuros. Un compromiso tan importante como el matrimonio
y de resultados tan trascendentes no debe contraerse con precipitación, sin la
preparación suficiente, y antes que las facultades intelectuales y físicas estén
bien desarrolladas" (El Hogar y la Salud, pág. 13).
Si Ud. ya formó su hogar no habiendo tenido en
cuenta estos principios de la felicidad conyugal, siempre está a tiempo para
cultivarlos, no importa los años transcurridos desde la boda.
La influencia de hogares bien formados
El "dulce
hogar" con que legítimamente sueñan los seres humanos
es una delicada empresa cargada de tremenda responsabilidad
por las consecuencias que implica para los contrayentes
como también para la sociedad. Se ha dicho que la "restauración
y elevación de la humanidad empiezan en el hogar".
La sociedad se compone de familias, y es lo que la hagan
las cabezas de las familias. El corazón de la comunidad
es el hogar. El bienestar de la sociedad y la prosperidad
de la nación dependen de las influencias del hogar.
Un hogar bien formado (teniendo en cuenta algunos
principios como los expuestos en la lección anterior), se transforma en una potencia
para el bien en el ámbito social, y en felicidad plena para los cónyuges y los
hijos.
¿Ha pensado Ud. en las cualidades espirituales
y morales que pondrá en marcha hacia el futuro mediante la formación de su hogar
y su descendencia?
Belleza del matrimonio
El
matrimonio es el estado en el cual el hombre y la mujer
se realizan plenamente como tales. Responde adecuadamente
a las necesidades físicas y emotivas de los cónyuges,
permitiéndoles alcanzar el más sublime de los privilegios:
la paternidad, por la cual dan origen a una nueva generación.
Tan admirablemente dotó el Creador con atributos
masculinos al hombre y femeninos a la mujer, que se complementan en forma ideal
para formar una pareja y vivir el estado matrimonial.
Por creerlos oportunos, citamos aquí los hermosos
pensamientos de Víctor Hugo que titulara "El Hombre y la Mujer":
"El hombre es la más elevada de las criaturas.
La mujer el más sublime de los ideales. Dios hizo para el hombre un trono; para
la mujer un altar. El trono exalta, el altar santifica.
"El hombre es el cerebro; la mujer el corazón.
El cerebro fabrica la luz, el corazón produce el amor. La luz fecunda, el amor
resucita.
"El hombre es un genio; la mujer es un ángel.
El genio es inmensurable, el ángel es indefinible. Se contempla lo infinito,
se admira lo inefable".
"La aspiración del hombre es la suprema gloria;
la aspiración de la mujer es la virtud extrema. La gloria hace lo grande, la
virtud hace lo divino".
"El hombre tiene la supremacía; la mujer
la preferencia. La supremacía significa la fuerza, la preferencia representa
el derecho".
"El hombre es fuerte por la razón; la mujer
es invencible por las lágrimas. La razón convence; las lágrimas conmueven".
"El hombre es capáz de todos los heroísmos;
la mujer de todos los martirios. El heroísmo ennoblece, el martirio corrige..."
"El hombre tiene un fanal, la conciencia;
la mujer tiene una estrella, la esperanza. El fanal guía, la esperanza salva".
"En fin: el hombre está colocado donde termina
la tierra; la mujer donde comienza el cielo".
Así pues, hay belleza en el matrimonio cuando
el hombre no se considera superior a la mujer ni ésta superior al hombre, sino
que respetándose mutuamente se complementan y estimulan hacia la meta común:
la felicidad.
Y en el hogar, "donde la tierra se encuentra
con el cielo", el hombre y la mujer pueden encontrarse ante Dios, su Hacedor,
en plena igualdad, para cumplir bajo su advocación los designios divinos para
el hogar.
Lo que deben saber los esposos
Conocimiento
de las funciones del cuerpo humano. La salud es uno
de los grandes pilares que sostienen la felicidad del
hogar, y el conocimiento de las leyes que la rigen permitirá a
los cónyuges protegerse mutuamente, y en forma especial
cuidar la salud de sus hijos. Por lo tanto, los esposos:
deberían estudiar y familiarizarse con el funcionamiento
del organismo humano; entender las funciones de los distintos órganos
y su mutua relación y dependencia; enmendar la relación
entre las facultades mentales y físicas, y las condiciones
que se requieren para el sano funcionamiento de cada
una de ellas.
Conocimiento acerca del sexo. Muchas parejas
entran en la vida matrimonial
sin poseer un mínimo conocimiento de la anatomía
y fisiología del sexo. Por lo tanto, es necesario que los esposos se ilustren
al respecto leyendo buenos textos, informándose en forma seria y con altura. ¡Cuántos
traumas y desdichas se evitarían si ambos cónyuges comprendieran bien este aspecto
de la vida matrimonial!
Planeamiento familiar. "¿Cuántos hijos
tendremos?" Tal la pregunta que cada pareja debe responder en forma honesta
y responsable. Dicha respuesta estará condicionada por factores económicos, ambientales
y de salud; y en lo biológico estará condicionada al factor a que aludíamos
en el párrafo anterior. Ese conocimiento permitirá a la pareja planear sabiamente
la cantidad de hijos que desean tener. Así como para la construcción de una casa
se trazan primero los planos, se deciden los ambientes que ha de tener, y de
acuerdo con estos y las finanzas se determina el tamaño de la misma, así también
los esposos deberían planear la familia. Nadie tiene derecho de traer al mundo
hijos que sean una carga para otros o que tengan que sufrir por falta de ternura,
orientación y alimento.
Cómo "edificar la casa". El hogar
es una institución divina. Dios mismo unió a la primera pareja en el Edén.
Y hoy los contrayentes siguen concurriendo al
pie del altar para formalizar sus votos delante de Dios. Nada mejor entonces
que los esposos inviten a Dios a ser el Huésped permanente del nuevo hogar. Con
su ayuda podrán "edificar" en forma sabia y feliz un hogar sin sombras.
Con cuanta belleza y sencillez expresa esta verdad fundamental la Sagrada Escritura
en el Salmo 127:
"Si el Señor no edificare la casa en vano trabajan los
que la edifican".
Por supuesto, muchas otras cosas deberían saber
los esposos y padres, tales como administración doméstica, disciplina de los
hijos, etc., temas que veremos en lecciones futuras.