Después de vivir casi toda su vida como budista,
se le preguntó a un anciano que vivía
en Singapur, y que ahora era cristiano, qué diferencia
había entre ser budista o ser cristiano.
"Es muy fácil –respondió el anciano–. Desde que
acepté a Jesús como mi Salvador, tengo paz en mi corazón”.
Esa es la experiencia de los que aceptan a Cristo.
“Tú (Dios) guardarás en completa
paz a aquel cuyo pensamiento
en ti persevera; porque en ti ha confiado”. —Isaías 26:3.
(A menos que se indique diferente, los textos bíblicos en esta
Guía
de Estudio son de la versión Reina-Valera revisada en 1960.)
Vivir la vida
cristiana nos lleva a vivir en perfecta paz –un sentimiento
pleno de seguridad y bienestar.
1. ¿QUÉ SIGNIFICA ESTAR PERDIDO?
Hay dos clases de vida: la espiritual y la física.
Es posible que una
persona esté físicamente viva y, sin embargo, esté muerta...
espiritualmente.
“Cuando ESTABAIS MUERTOS EN VUESTROS DELITOS Y PECADOS, en los cuales anduvisteis
en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe
de la potestad del aire, EL ESPÍRITU QUE AHORA OPERA en los hijos de desobediencia”. —Efesios
2:1, 2.
Satanás conduce al que está espiritualmente muerto por una espiral
descendente de desobediencia y pecado. Pero lo maravilloso del evangelio es que
Dios ama tanto a la gente perdida. Él ama a los que están muertos
en sus pecados y les ofrece la completa y gratuita salvación de su cautiverio.
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
AUN ESTANDO NOSOTROS MUERTOS EN PECADOS, NOS DIO VIDA JUNTAMENTE CON CRISTO...
para mostrar... las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros
en Cristo Jesús”. —Efesios 2:4.7.
Dios nos amó cuando no había nada bueno en nosotros y no merecíamos
ser amados. Pero su gracia creó en nosotros una nueva vida en Cristo.
Nosotros no podemos cambiarnos a nosotros mismos, pero Dios puede hacerlo. Cuando
vamos a él con fe y sumisión, nos da una segunda oportunidad, gratuitamente.
2. ¿DE QUÉ NECESITAMOS SER SALVADOS?
a). Necesitamos ser salvados del pecado.
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. —Romanos
3:23.
En pocas palabras, no vivimos según lo que es correcto. Un padre bajo
estrés puede castigar y herir emocionalmente a su hijo; un conductor puede
airarse contra otro conductor y causar un accidente; un comerciante puede “olvidar” ciertos
impuestos; un estudiante resentido puede murmurar palabras ofensivas a su rival,
etc. Esa es la condición humana. ¿Cómo define la Biblia
el pecado?
“Toda injusticia es pecado”. —1 S. Juan 5:17.
Necesitamos ser salvados de toda clase de malos hábitos: mentira, abuso,
soberbia, codicia, ira, amargura y envidia, para mencionar sólo unos pocos.
“Todo aquel que comete pecado infringe también la ley; pues el pecado
es infracción de la ley”. —1 S. Juan 3:4.
Necesitamos ser salvados del pecado; de quebrantar los mandamientos de Dios.
b). Necesitamos ser salvados de una relación rota con Dios.
“Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro
Dios y vuestros pecados han hecho ocultar su rostro de vosotros”. —Isaías
59:2.
El pecado no perdonado corta nuestra relación con Dios. Cristo vino para
restaurar la confianza en Dios que Satanás había socavado.
c). Necesitamos ser salvados de la muerte eterna: la paga del pecado.
“Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado
la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos
pecaron”. —Romanos 5:12.
d). Necesitamos ser salvados de una vida de pecado, infeliz, vacía.
El pecado es un callejón sin salida.
e). Necesitamos ser salvados de un mundo pecador.
Tenemos que ser rescatados de un mundo lleno de pecado y de sus consecuencias:
miseria, angustia, soledad, guerra, enfermedad, odio y muerte.
3. ¿QUIÉN PUEDE SALVARNOS?
Solamente Jesús puede salvarnos.
a). Jesús puede salvarnos del pecado.
“Y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a
su pueblo de sus pecados”. —S. Mateo 1:21.
Un hindú le dijo a un cristiano: “En el hinduismo hay muchas cosas
que no existen en el cristianismo, pero hay una sola cosa que no tiene el hinduismo:
un Salvador”. En efecto, el cristianismo es la única religión
que ofrece un Salvador.
b). Jesús puede salvarnos de nuestra rota relación con Dios.
“Estabais sin Cristo... sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora
en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis
sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”. —Efesios 2:12-13.
Jesús es el amigo perfecto. Él saca a la luz lo mejor de nosotros. “Por
la sangre de Cristo” nuestra vida pasada de pecado es perdonada, nos brinda
su aceptación, su poder sobre el pecado y su vida perfecta. Nuestro amor
por él produce, a su vez, el deseo de vivir para agradarle.
c). Jesús puede salvarnos de la muerte eterna: la paga del pecado.
“La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna
en Cristo Jesús Señor nuestro”. —Romanos 6:23.
Al quebrantar la ley, estamos sentenciados a morir. Jesús nos salva de
la muerte eterna y nos da vida eterna.
“Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores,
Cristo murió por nosotros”. —Romanos 5:8.
Movido por su inefable amor “Cristo murió por nosotros”. Y
siendo que Jesús murió por nosotros, Dios puede perdonar y aceptar
a los pecadores.
d). Jesús puede salvarnos de una vida pecadora, infeliz, vacía.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas
viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. —2 Corintios
5:17.
Nosotros no podemos salvarnos del pecado o cambiar nuestra naturaleza (Romanos
7:18), así como el león no puede decidir ser un cordero. El pecado
es más fuerte que nuestra fuerza de voluntad; pero Cristo nos fortalece “con
poder en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:16). Él
obra para reemplazar nuestros hábitos destructivos con sus cualidades
saludables: amor, paz, gozo, bondad y templanza (Gálatas 5:22-23). A él
le agrada encargarse de los casos más desesperados.
Harold Hughes había abandonado la esperanza de cambiar. Muchas veces había
intentado dejar el alcohol, pues sabía que su adicción había
convertido su hogar en un infierno. Desesperado, una fría mañana
se acostó en su bañera y puso su revólver en su boca. Antes
de apretar el gatillo, decidió explicarle algunas cosas a Dios. Esa oración
se transformó en una larga y sollozante petición de ayuda.
Y Dios contestó. Harold Hughes se consagró a Cristo y halló la
fuerza espiritual para perseverar. Abandonó el alcohol, se transformó en
un amoroso y responsable padre y esposo y, más tarde, llegó a ser
senador de los Estados Unidos.
e). Jesús puede salvarnos de un mundo pecador.
Las cuatro siguientes Guías de DESCUBRA le darán una completa explicación
sobre cómo nos rescatará.
4. SOMOS SALVOS SI DAMOS TRES SIMPLES PASOS
Paso 1. Pida a Cristo que se encargue
del pecado en su vida.
¿Cuál es nuestra parte para lograrlo?
“ARREPENTÍOS y convertíos, para que sean borrados vuestros
pecados”. –Hechos 3:19.
¿Qué es lo que guía a una persona al arrepentimiento?
“Su benignidad (de Dios) te guía al arrepentimiento”. —Romanos
2:4.
“Fuisteis contristados para arrepentimiento”. —2 Corintios
7:9.
¿
CÓMO PODEMOS RECIBIR DE CRISTO UNA NUEVA VIDA?
1. Creyendo en él y recibiéndolo como
Salvador y Señor.
2. Estableciendo una relación con él. (Dedicando tiempo para
orar y leer la Biblia.)
3. Cristo obra a través de su Santo Espíritu para reemplazar nuestros
malos hábitos por sus buenas cualidades.
El arrepentimiento es sencillamente sentir tristeza por nuestros pecados, apartarnos
de ellos y dejar los malos hábitos, prácticas y actitudes. No es
sentir temor al castigo, sino una respuesta a la bondad divina que movió a
Jesús a morir en nuestro lugar.
¿Cuál es la parte de Dios para limpiar nuestra vieja vida de pecado?
Tanto el arrepentimiento como el ser perdonados son regalos de Dios.
“A éste ha ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador,
para dar... ARREPENTIMIENTO y REMISIÓN de pecados”. —Hechos
5:31.
Y cuando nos arrepentimos, nuestro amante Salvador perdona nuestros pecados,
los borra y los arroja a lo profundo de la mar.
“SI CONFESAMOS nuestros pecados, ÉL ES FIEL y justo PARA PERDONAR
nuestros pecados y LIMPIARNOS DE TODA MALDAD”. —1 S. Juan 1:9.
No hay pecado tan terrible que el Salvador que murió por nuestros pecados
en la cruz del Calvario no pueda perdonar. Solamente tenemos que pedir perdón.
Es solemne pensar que nuestros pecados ayudaron a clavar las manos y los pies
de Cristo. Él anhela que aceptemos su regalo de perdón y reconciliación.
A un joven que había abandonado su hogar le avisaron que su madre agonizaba.
Se llenó de remordimiento y regresó al hogar. Se arrodilló junto
a su cama, y con lágrimas le pidió perdón. Acercándolo,
la madre le susurró: “Hijo, hace mucho que te hubiera perdonado
si me lo hubieras pedido”.
Si has huido de Dios o aún no has venido a él, medita en que Dios
anhela intensamente darte la bienvenida al hogar. Él te ama y está ansioso
por perdonarte. Responde a esta amorosa invitación. Confiésale
tus pecados. Simplemente cree que él te perdona y el lo hará. Confía
en él y en sus promesas.
Paso 2. Reciba una nueva vida de Jesús.
Tu parte para recibir una nueva vida de Jesús es creer que Jesús
ya te ha salvado. Acepta el hecho de que él te ha perdonado y limpiado,
y te ha dado una vida completamente nueva.
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio
potestad (poder, autoridad, privilegio) de ser hechos hijos de Dios”. —S.
Juan 1:12.
Usted, por ser hijo de Dios, tiene el “derecho” de recibir una
vida nueva. Como dijimos antes, no la puede recibir por usted mismo; es un
regalo
de su Padre celestial. Esta promesa divina echa fuera todas nuestras inseguridades
y dudas.
¿Qué es lo que hace Dios para darnos una nueva vida?
“Jesús... le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere
de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. —S. Juan 3:3.
Jesús dice que el pecador arrepentido ha nacido a una vida nueva. Este
cambio es un milagro exclusivo de Dios. Su promesa es:
“Os daré CORAZÓN NUEVO, y pondré ESPÍRITU NUEVO
dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne”. —Ezequiel 36:26.
Jesús transforma nuestro corazón –nuestros sentimientos y
conducta– y vive “en” nosotros (Colosenses 1:27). Esta nueva
vida no es meramente una idea hermosa y espiritual; es un hecho concreto y cierto.
El nuevo nacimiento es una resurrección de la muerte espiritual a una
vida diametralmente distinta.
Paso 3. Viva para Jesús cada día.
La vida cristiana consiste en apartarnos del mal y unirnos a Jesús. Crecemos
en esta vida nueva fortaleciendo nuestra relación con él. Dios
nos da cinco ayudas divinas para crecer en la fe: estudio de la Biblia, oración,
meditación, compañía con otros cristianos y compartiendo
con otros nuestra fe.
Vivir en Cristo no significa que nunca cometeremos errores, pero cuando tropecemos
y caigamos, pediremos perdón y seguiremos adelante. Marchamos en dirección
segura y sabemos que Cristo es una presencia viva en nuestros corazones.
5. EL GOZO DE LA SEGUNDA OPORTUNIDAD
Harold Hughes recibió muchos honores durante su brillante carrera en el
Senado de los Estados Unidos, pero lo más significativo para él
llegó poco después de su entrega a Cristo.
Mientras estudiaba su Biblia, una noche, sintió un toque en su codo. Eran
sus dos pequeñas hijas que estaban listas para irse a dormir. Las miró por
un momento. Habían cambiado mucho y él no lo había notado
debido a su devastadora batalla contra el alcohol.
Carol, la menor, dijo: “Papá, venimos a darte un beso de buenas
noches”. Los ojos del padre se nublaron. ¡Había pasado tanto
tiempo desde la última vez que habían venido para recibir ese abrazo!
Pero ahora sus hermosos ojos no expresaban temor. ¡Papá estaba
por fin de regreso en el hogar!
Jesús ofrece a cada uno una segunda oportunidad. Toma los casos más
desesperados y crea nuevas criaturas (Romanos 6:23).
El Salvador anhela que volvamos al hogar. ¿Ha aceptado usted su amorosa
invitación? Recibir el perdón divino y la limpieza de nuestros
pecados es tan sencillo y profundo como abrir sus brazos para el abrazo de un
niño.
Si aún no ha confiado en Cristo como su Salvador personal, puede hacerlo
ahora mismo con palabras como éstas:
"Padre, estoy triste por mi antigua vida de pecado. Gracias por enviar
a tu Hijo para morir por mí. Jesús, perdona mis pecados; entra
en mi vida y sálvame. Quiero que me des una segunda oportunidad. Anhelo
nacer otra vez. Y más aún, deseo tener una relación diaria
contigo. Gracias por hacer este milagro dentro de mí. En el nombre de
Jesús, Amén”.
Este es un descubrimiento maravilloso: cuando nos allegamos a Jesús, él
nos salva.
Derechos reservados