El evangelio y el sexo

Dios nos creó con el don del sexo y la capacidad de amar, pero estas dos cosas no siempre significan lo mismo. Al practicarlas, a menudo nos confundimos. Del amor en el marimonio brota una felicidad difícil de imaginar. Pero cuando el amor resulta ser una falsificación, no hay fin para el sufrimiento resultante.
Tenemos información y conocimiento que proviene de la mejor fuente que existe en el mundo para otener ayuda en nuestros problemas de amor y matrimonio. Es el libro de Efesios, en la santa Biblia de Dios. El problema es que muchos ignoran lo que dice. Así pues, pongamos atención al capítulo 5 de este maravilloso libro del apóstol Pablo:
El mensaje comienza recordándonos el amor que siente Cristo por nosotros, porque esa es la única Fuente de amor, ya sea que creamos en él o no; de él viene todo amor verdadero: “Andad en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en fragante aroma” (vers. 2).
Pero, el amor de Cristo, ¿es la misma clase de amor que el esposo y la esposa sienten cada uno por el otro? La palabra bíblica que designa el amor de Cristo es ágape, una clase de amor diferente del amor que traemos con nosotros al nacer. ¡Y cuando el apóstol dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres”, usa la forma verbal de ágape! ¡El amor sexual no es algo intrínsecamente malo, puesto que Dios mismo fue su Creador! Pero cuando se vuelve egoísta, es porque el mal lo ha contaminado. Por eso es que, si bien el amor en el matrimonio puede ser la mayor bendición y felicidad que un hombre y una mujer pueden conocer, también puede ser un infierno en la tierra si se vuelve egoísta.
Esa clase de amor que Pablo aconseja que los esposos demuestren a sus esposas, se convierte en el amor que produce felicidad cuando comprendemos lo que significa la cruz de Cristo. Muchos hogares en los cuales reina la infelicidad pueden llegar a ser un pequeño cielo en la tierra, si sus integrantes comprenden esta verdad secreta. La razón es la siguiente:
(a) Dios inventó el amor sexual para revelarnos a los seres humanos la clase de amor que Jesucristo siente por su iglesia. Por eso la expresión “así como”, aparece una y otra vez en Efesios. Notemos: “Casadas, estad sujetas a vuestros esposos, COMO AL Señor”. Otra vez: “El esposo es la cabeza de la mujer, ASI COMO Cristo es la cabeza de la iglesia”. Y en este pasaje: “Así, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus esposos en todo”. Y por consiguiente: “Maridos, amad a vuestras mujeres, ASI COMO Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (vers. 22-25).
(b) El hecho es que Cristo se ha convertido en un ser humano, y seguirá siendo humano por toda la eternidad, sin por ello dejar de ser el Hijo de Dios. Es “Emanuel, que significa: Dios con nosotros” (S. Mateo 1:23). Todo varón normal quiere casarse con una mujer. También Cristo quiere hacerlo, pero la “mujer” que él ama no es una mujer común.
(c) Sí, la Biblia declara que Cristo quiere contraer matrimonio, que anhela unirse a su esposa. Su alma “la” desea. Si bien el Salvador se unió para siempre con la humanidad, no hay mujer en este mundo tan bella, tan sabia, tan maravillosa, que sea digna de ser la novia del Hijo de Dios! Por lo tanto, Jesucristo se ha enamorado del cuerpo colectivo de su pueblo, aquellos por quienes él derramó su propia sangre. Ese grupo incorporado llegará a ser su “esposa”.
(d) Pablo presenta luego un relato que muchos probablemente no han escuchado. En el versículo 27 cita de un libro del Antiguo Testamento que quizás nuestros amigos de La Voz no hayan leído nunca, pero que contiene la historia de un novio muy especial, que aguarda el momento de su matrimonio. De hecho, no hay ninguna historia de amor, ya sea en obras de cine o vídeo, que pueda ser tan interesante como el relato que presenta el libro llamado “El Cantar de los Cantares de Salomón”. Analicemos dicho relato:
El grande y glorioso rey Salomón está cansado de las muchachas de la corte en el palacio. Ninguna ha despertado su amor; son demasiado egoístas, demasiado artificiales, demasiado mundanas. De modo que se disfraza y sale a recorrer el país, hasta que conoce a una joven pastora, la cual es tan diferente, tan hermosa y tan genuina, que el rey se enamora de ella. El libro de Cantares describe en bellas expresiones poéticas el amor que ambos sienten.
En el capítulo 4, versículo 7, el rey le dice a la joven: “¡Toda tú eres hermosa, amada mía, sin tacha alguna!” El apóstol Pablo toma este pensamiento del libro de Cantares y lo aplica a su descripción de cómo Cristo anhela que llegue a ser la iglesia: “. . . gloriosa, sin mancha ni arruga, ni cosa semejante; antes, que sea santa e inmaculada” (Efesios 5:27).
El mismo Jesús, el Novio divino, también citó el libro de los Cantares de Salomón, haciendo una aplicación a sí mismo. La historia se halla en S. Juan, capítulo 7. En una de las grandes convocaciones religiosas de Israel, a la cual asistía gente de todo el mundo, “Jesús se puso de pie, y proclamó: ‘¡Si alguno tiene sed, venga a mí y beba!’ Como dice la Escritura, el que cree en mí, ríos de agua viva brotarán de su corazón” (vers. 37, 38). La “Escritura” a que Jesús se refería, es también del libro de Cantares 4:15, donde el novio describe a su amada, diciéndole: “Eres la fuente del jardín, manantial de agua viva”.
Pero el relato se hace más emocionante: En el capítulo 5:16, el amado ha hecho un largo viaje, y ahora vuelve para estar con su amada. Es de noche, hace frío, está lloviendo. La muchacha, (su novia) se ha ido a la cama; allí se siente muy cómoda y abrigada. El amado golpea una y otra vez a la puerta (así lo expresan los antiguos manuscritos griegos); el relato dice que ella no quiso salir del lecho y ensuciarse los pies, no quiso molestarse en abrirle la puerta para que entrara. Después de muchos intentos, finalmente el rey viajero se vio obligado a volverse por su camino. Pero justamente entonces, la joven comenzó a pensar en él, solo allí en el frío y la lluvia, con hambre, y sintió lástima de él. De modo que por fin se levantó y fue a la puerta para dejarlo entrar. Pero el amado ya no estaba allí.
Todo este relato pinta un cuadro de Jesús y de su amor por su iglesia, egoísta y soñolienta. Pero aunque la iglesia lo rechace, Cristo de todos modos ama a su futura esposa. Esa clase de amor se llama “amor conyugal”. ¡Y Pablo nos dice que tanto los esposos como las esposas necesitan tenerlo y comprender en qué consiste!
Esa clase de amor, tan precioso en el matrimonio, es un don que Dios le concede a cada esposo y esposa. Él quiere que gocen siempre de tal amor: sin peleas, sin violencia ni amargura, sin celos ni infidelidad. Pero Pablo nos advierte acerca de lo que es causa del fracaso en muchos matrimonios: el sexo premarital: “Pero fornicación y toda impureza
. . . ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos. . . Porque sabed bien que ningún fornicario. . . tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios” (Efesios 5:35).
A veces los jóvenes, en su ignorancia, se sienten tentados a creer que Dios prohíbe la fornicación porque no quiere que la gente lo pase bien. ¡Qué mentira! Es precisamente porque Dios quiere que gocemos la vida, que anhela librarnos del sexo premarital. Aunque más tarde los participantes se casen, su promiscuidad se convierte, a menudo, en la causa fundamental de su rompimiento futuro.
El amor del hombre por su esposa es un reflejo del amor de Cristo por su iglesia. De este modo, podemos ver que Cristo ama a su verdadera esposa, la iglesia que le es fiel. Cuando comprendamos por qué Dios nos ha creado tal como somos, el sexo nunca será un ejercicio de pasión egoísta. Cada uno de los cónyuges amará al otro en forma tan profunda que se negará a caer en la tentación de gozar de la unión sexual hasta que Dios no los haya declarado ser uno; y eso sucede únicamente en el santo matrimonio. Entonces, en vez de ser el matrimonio el fin del amor, será su comienzo. Aun si llegan a vivir cien años, ese amor seguirá siendo más fuerte que antes.
Ahora surge otra pregunta que debemos considerar: ¿Cómo podemos cumplir una norma tan alta de fidelidad sexual, cuando a todo nuestro alrededor es tan cómodo y popular ceder a la tentación? Si Dios nos mandara ser fieles, y fuera imposible cumplir sus expectativas, ¿no sería él culpable de exigir lo imposible? Si eso fuera cierto, Satanás sería el ganador en su gran controversia con Dios. Pero tengo Buenas Nuevas para ti.
Por ejemplo, el séptimo mandamiento del Decálogo dice: “No cometerás adulterio”. En otras palabras, si creemos en el preámbulo de los Diez Mandamientos, que el Señor nos ha librado de la “esclavitud”, de la cautividad al pecado en “Egipto”, entonces el séptimo mandamiento se convierte en una preciosa promesa. Es decir, el Señor te garantiza que aunque Satanás te tiente fuertemente, tú no cederás a la tentación; vencerás así como Cristo ha vencido (Apocalipsis 3:20). Se repite aquí la expresión “así como”, que hemos visto en Efesios 5: “amad a vuestras mujeres, ASI COMO Cristo amó a la iglesia”. El Señor Jesús no se limita a salvarnos llevándonos al cielo en su segunda venida; ¡nos salva ahora mismo, DEL pecado aquí, en esta vida presente, hoy mismo!
¡Por esto, le daremos siempre las gracias por habernos salvado! Esta es su promesa: “Yo, el Señor, soy tu Dios, que te sostiene de tu mano derecha, y te dice: ‘No temas. Yo te ayudo’” (Isaías 41:13).
Hazte una sencilla pregunta: Si Dios te sujeta de tu mano derecha, ¿puedes caer? Por supuesto que la respuesta es ¡No! Ahora, hazte otra: ¿Estás dispuesto o dispuesta a hacer una elección ahora mismo, diciendo: “Por la gracia de Dios, elijo PERMITIR que el Señor me sostenga de la mano”? ¿Te unirás a mí en la oración del padre desesperado, que le rogó a Jesús que echara fuera de su hijo el demonio que lo atormentaba? Di con él: “¡Creo! ¡Ayuda mi poca fe!” (S. Marcos 9:24).
Amigo, amiga de La Voz, Cristo está dispuesto a cumplir su promesa; DÉJALO que la cumpla. No te rebeles contra él. No interpongas tu voluntad oponiéndola a la suya. Goza entonces de la vida maravillosa que te concede mientras lo sigues de todo corazón.

LA VOZ DE LA ESPERANZA
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